crecimiento personal

Buscando mi voz

La sala de ensayos es espaciosa sin llegar a ser intimidatoria, o puede que sea esta iluminación,  favorecedora como la de los probadores de esas tiendas que ya sabemos, y mis dipotrías. El espejo gigantesco cubre toda la pared. No hay columnas, el suelo es negro como de plástico, las paredes que no tienen espejo, blancas y los zócalos, naranja. Es cerrarse la puerta y darme cuenta  de que no hay ventana. Eso no ayuda mucho. Y de una sirena roja que se ilumina cada vez que alguien llama al timbre de afuera. Es cerrarse la puerta y dar ¿ocho? pasos hasta mi silla, negra y reluciente, esta silla a la que me ha costado siete años llegar. Hay una teoría sesudísima de los ciclos de los siete años bla, bla.  Siete años cantando en el coro  en el que empecé taaan ilusionada y verde, y luego fui aprendiendo y sintiéndome guai y haciendo mejores amigas, y viajando y cantando y creciendo y riéndome muchísimo. Y el curso pasado, ah! el curso pasado. A final de curso me encontré en el punto de ” ya no tengo ilusión” Punto al que se llega no de pronto, es el resultado de amigas que se van, gente que viene con la que no conecto, conciertos que se supone son los más importantes hasta ahora y en los que lo pasó fatal. De estar demasiado cómoda. Si eso tiene sentido. Quizá sí, también sea la teoría de los siete años y yo no soy tampoco la misma. El caso es que aquí estoy , en esta sala de ensayos donde voy a cantar sin partitura, yo sola, una canción elegida por mí misma, de alguien muerto hace menos de doscientos años.  Jardineadora: la que se mete en jardines y luego ya veremos como salimos. Pero es algo que me sale de dentro y sé que tengo que hacerlo. Ahora es mi turno y me levanto, las luces son mucho más intensas de pronto y el espejo confirma que la cara me arde. La boca seca, el corazón destrozando a golpes mi pobre caja torácica. Conecto el iPhione a los altavoces – “¿Oís algo?, es que solo oigo mi corazón como loco…” los demás creen que es una broma para romper el hielo. Ja, ja. De pronto empiezan tres minutos y cuarenta siete segundos de Love of my live, y mi voz suena milagrosamente entera y dulce y como andando por una cuerda floja con los ojos cerrados. Los demás no me conocen y aguantan la respiración porque no saben que no me caeré. Cuando acabo, que acabo, no me siento especialmente orgullosa, me siento al principio de algo que ojalá sea. Luego hay más veces y vienen las correcciones, los ejercicios, mi cerebro regañándome porque es todo tan diferente y nuevo que creo que no voy a poder. (De camino a casa me siento traidora y feliz)

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Vacuna del papiloma. ¿En serio?

Vaya por delante que no soy antivacunas por sistema, ni antisistema por naturaleza. Vaya más por delante aún que no soy médico, que solo soy una madre con sentido común. Mis hijas están vacunadas como marca el calendario, y nunca me había planteado nada, hasta…, hasta llegar a la polémica vacuna del papiloma. Hace cinco años me tocó con la mayor, me tocó informarme y sufrir. Casi me hice un máster de la cantidad de documentos que estudié, me acuerdo que los imprimía por la noche para poder leerlos con atención. La mayoría en inglés, la vacuna había comenzado a comercializarse en Estados Unidos allá por el 2006. Tengo que decir que conté con la ayuda de un gran amigo, que además de buen amigo, por aquel entonces era jefe del servicio de farmacología de uno de los hospitales de referencia de Catalunya, y me dio mucha tranquilidad. Conté también con la desayuda del cole, donde me facilitaron 4 páginas más de información, al final de las cuales tenía que contestar si sí o si no se iba a vacunar mi hija, y si no, por qué. Me sentí un pelín presionada, y perpleja a más no poder. Para mí el asunto no había por dónde cogerlo, estaba tan claro. (Y la pregunta , en caso de tener que hacerse, ¿no debía ser por qué quiere usted  utilizar a su hija como conejillo de indias con un fármaco que todavía no ha demostrado su eficacia y sí ser altamente arriesgado no?).  Añádanle la cara de mi hija preguntándome por qué era la única de su clase que no se vacunaba. “Eh, mami, por qué” Luego pasé página y di por zanjado el asunto, a mi qué los líos de políticos y laboratorios. Hasta que de repente es la pequeña, que viene el primer día de cole, el primero, no el segundo ni en la reunión de padres que es esta tarde, preguntándome si la vacunan en el cole o en el médico. Respiro hondo. Miro el video de Teresa Forcades y me escandalizo y me aclaro a la vez. También  me entran ganas de ser científica, (de ser monja, no, pero casi) Respiro más hondo, y vuelvo a leer sobre el tema: la OMS recomienda su vacuna, con dos enlaces a Merck, ¿Merck? son los laboratorios que comercializan la vacuna? Pues si que… ¿Merck? ¿No son los laboratorios tan célebres por haber sido multados con una cifra multimillonaria al ser el Vioxx el causante directo de 3.000 muertes y más de no sé cuantos mil infartos en cinco años? Parece que sí. Que en 2005 falló el juicio y qué más da, si ganaron con las ventas del Vioxx más que lo que pagaron de multa. Ahora, a ningún directivo se le ha movido un pelo. Ah! un detalle, habían realizado estudios previos y bueno, que como no había forma de maquearlos, los habían guardado en un cajón. Y esto no le mola a un juez. Pero me voy del tema. El tema es la vacuna del papiloma, si sí o si no. Lo cierto es que se ha hecho todo tan mal con esta vacuna que no hay por donde cogerla. ¿Sabías qué? La vacuna empezó a comercializarse saltándose los protocolos de tiempo y sin haber comprobado su eficacia. Hay dos vacunas, Gardasil y Cervarix, la primera protege frente a 4 virus, 6, 11, 16, 18 ,la segunda, frente a dos, el 16 y 18. Téngase en cuenta que hay unos 100 tipos de virus capaces de generar cáncer de cuello de útero. En España, los virus 16 y 18 causan el 56% de los cánceres. Ups!  ¿no nos protegen del todo? A los cinco años de ser administradas las vacunas, a un tercio de las niñas ya no les hacía efecto la vacuna contra el virus 18. Puesto que se pone a los 11 años, entonces a los 16 ya no, y bueno, casi debería ser esta edad más conveniente, ¿no? suerte aquí, en Colombia las vacunan a los 9. De las 30 vacunas que se comercializan habitualmente, la del papiloma concentra el 60 % de los efectos secundarios grades, como parálisis, ceguera, o muerte. En India se ha dejado de administrar después del fallecimiento de 5 niñas, y después de esto va el laboratorio, y saltándose al gobierno, realiza ensayos este verano con el resultado de dos niñas muertas más. No comment. En Holanda van a dejarla de administrar, en Japón igual. Podría seguir con las asociaciones de víctimas y mil cosas más. Para marketing del miedo ya están los laboratorios, el eco de las instituciones y los colegios que obran con la mojar de las voluntades, quiero pensar. El caso del colectivo de enfermeros de atención primaria que se ve recompensado con 2.000 euretes extras al año si consiguen , entre otros objetivos, “vender” la vacuna, no he podido confirmarlo. Me parece raro. Tres cosas al respecto: 1.-La infección por papiloma humano es la infección de transmisión sexual más frecuente. Creca del 80% de las mujeres la padeceremos a lo largo de nuestra vida. En el 90 % de los casos , se resolverá sin que nos enteremos, remite espontáneamente gracias a nuestros propios anticuerpos. 2.- Desde que se origina la infección hasta que se manifiesta  en forma de lesión en el cuello del útero pasan entre 20 y 40 años. 3.- Existe una prueba, el test de Papanicola0u, la citología que nos hacemos cada año en el gine, que sirve para detectarlo. Es recomendable hacer esta prueba a partir de los 21 años, aunque ya se tenga vida sexual activa, antes de esta edad el riesgo de contagio es muy muy pequeño, y cada tres años. En caso de que se detecte en una fase primaria, se elimina con seguridad en el 100 % de los casos. Fin de la historia.   Esta tarde mi fama de mamá conciliadora superpacífica siempre al lado de la ley y el orden establecido, a la mierda. Lo veo venir.

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hermanas

Ahora que no está.

En la maleta no han cabido tantas cosas, algunas no ha querido, otras no se ha podido, y las que nos hemos olvidado.

La chistera negra que llevaba para ir por casa bastante de vez en cuando, el bolsito de flores que le regaló Pili, con medio paquete de pipas churruca atado con una goma amarilla y un billete de diez, propinilla de la abuela cuando estuvimos por Zaragoza. El anillo verde mint con un lacito que se ponía en las ocasiones, o sea, un día sin otro, el rosa fosfo. Un plumas lila que no cupo a última hora. 

Los vinticinco kilos de maletoncio que hice y deshice tres veces en la mañana en la que sudé todo lo que no he sudado este verano raro. No pudieron ser leche condensada, nutella sólo un bote, botas, y en cambió le dimos prioridad a su cajita de música con una niña y un girasol dibujados en la tapa que la abres y suena ” Here comes the sun“.  También, claro, los regalos que compró para su familia.

El primer día que llego, me acuerdo, fuimos a un centro comercial para comprarle un bikini y un pantalón al menos, porque toda la ropa que le había preparado era gigantesca. Ehyeiba no quería nada para ella, pero para su hermanita, un bebé de diez meses, compramos un vestidito blanco con topitos naranjas y una camiseta de un osito. A su madre una chaqueta de punto de seda azul marino, y otro día en un mercadillo quiso unos pendientes de brillantes con perla. (Así es de clasicota la niña, digo, de elegante). Unas bailarinas negras para su hermana mayor.

Para los niños, unas pinturas de dedos para el pequeño y una sudadera con capucha Tommy Hilfiger gris para el mayor. 

Luego he metido libretas, lápices, rotuladores, tijeras, pega, cremas, paracetamol, sus medallas y el albúm de fotos. Se lleva también y sin permiso un trozo pero grande de nuestros corazones, casi sin darnos cuenta la muy ladronzuela, y no sólo mío.

Deshago el lío de sábanas que es su cama y aparece su osito de peluche blanco, – Olaf, sí, por Frozen – Salgo a la terraza a tender y me clavo en el pie un muñequito, es Sonia, la madre de su familia playmobil .

En el iphone tengo todavía el teclado árabe. Entro en la cocina y está la cestita de sus medicinas con la jeringa ahí, ahora sin sentido. Me veo ahora en el salón con el super glue en la mano, pegando el pico del pato que hizo con barro. Mientras me cepillo los dientes miro el vaso donde ha quedado el naranja, el suyo, y esa visión me pellizca algo por dentro.

 No sé cómo una niña tan pequeña ocupa tanto, ahora que no está.

 

 

 

camino

Esta es la foto que resume estos dos meses, el camino tenía alguna curva inesperada.

Ah! y el sol que ya sé por qué lo hemos visto poco;  ¡porque lo tenía yo en mis manos!

 

 

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La verdad. Ja. ja.

La verdad es que la verdad está sobrevalorada y si alguien con cara de estar diciéndote la verdad te habla de la verdad como valor supremo bla boa bla, o te está tomando el pelo o vete corriendo porque te va a caer una encima pero gorda.
La verdad hace mucho daño y eso lo sabe todo el mundo.

La verdad es que la niña tiene una enfermedad, digamos…- abrimos
una perífrasis para no decir la verdad- cuyas consecuencias allí son fatales e irreversibles- que allí donde ella vive el acceso a la diagnosis y tratamiento es limitado. ¿Ha quedado bien?, ¿verdad? . Que mira que es un jarabe y una pastilla que sin seguridad social sale por unos 20€. La verdad es que allí no se la hubieran diagnosticado y para cuando los síntomas hubieran sido evidentes pues eso, dos líneas arriba lo he dicho.

La verdad es que a su padre le dije palabras elegidas con cuidado. Totalmente controlada, no contagiosa, tratamiento, solo tres meses, tranquilidad.
Es igual, los silencios al otro lado del teléfono me hicieron sentir como una bruja, le estaba haciendo daño con mis malas noticias.

¿ O no? La verdad es que la primera vez que hablé con él insistió en que le dijera al médico que la niña “es débil físicamente”. Entonces me pareció un padre exagerao y amoroso con su niña. Y a lo mejor sabía algo, o lo intuía. Si es así y si él hubiera dicho, la verdad, ni siquiera hubiera podido salir de los campamentos, o sí, pero a un centro de enfermos. Y yo, si hubiera sabido la verdad ¿la hubiera acogido?

No lo sé. No sé cuál es su verdad. (Qué más da. En su caso y si es así, yo hubiera querido poder hacer lo mismo; encontrar la manera de curar a mi hija).

Al final de la conversación me pidió que no le dijera nada a su madre para no alarmarle. Viven a miles de kilómetros uno del otro, cosas de refugiados, ya se sabe.
Entonces lo entendí perfectamente. Ella no puede hacer absolutamente nada, y las noticias a kilómetros de distancia se agrandan más, y todo eso.

Con su madre al día siguiente me hice la loca y que si quedaba una prueba y tal y que ya le diría, todo por ganar tiempo.

Después he empezado a darle vueltas … Dentro de un rato vamos a llamar a su madre otra vez, y ¿ qué le digo? ¿bah! no le digo nada al respecto, y ya cuando se lo encuentre en casa le comento como si nada? Pero ¿no tiene derecho a saber lo que le pasa a su hija?

Y yo, ¿tengo yo derecho a hacerle daño?

 

Chema madoz

 

la foto imposible y bella es de  Chema Madoz

 

 

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familia, niñas, pediatra

A los quince días de la niña en casa, el primer susto gordo.

Descubriendo el hielo

Descubriendo el hielo y tantas cosas

Tengo que pensar menos. Espero a algo que valga realmente la pena y dejo escapar mil millones de cosas. El día que llegó, su casa de susto disimulado, las bragas blanquísimas de niña de primera comunión, la ropa estrafalariamente grande. El primer baño en la piscina con esos temblores de emoción, los nervios de las escaleras automáticas.
Ser madre de acogida es mejor y es peor, desde aquí os lo digo. -“Bah! solo son dos meses y luego puerta”.
Ya, Ya.. La primera semana se nos ha ido en hacernos a ella y ella a nosotros. Un no parar de finales de curso de teatro y un concierto mío en el monasterio de Les Avellanes, que con tanto ensayo y todo la niña ya sabe cantar en japonés. – Joe Hisaishi, muy recomendable, by the way-. La primera semana no llegó a la cena ni un solo día, se quedaba frita antes, de repente se le cierran lo ojos, apoya la cabeza en el hombro o en el regazo de S, y ya.
En yo estar extrañamente despistada y feliz; me desapareció un pendiente, de los que llevo siempre. Y me ha importado menos que nada ir con un pendiente solo. Igual con los sujetadores, misteriosamente han desaparecido todos y he ido tirando del que no lleva tirantes, que no es lo más cómodo del mundo que digamos, y el de correr, que no es el más favorecedor del mundo que digamos . Y tan happy, yo. Raro, ¿no?
La segunda semana han aparecido en acción los médicos. Y yo me las prometía felicísima; la vista bien, claro, los dientes perfectos, buah!, ¡la mía es una súper niña!. Un poco demasiado delgadita, tranquilos todos, tenemos dos meses para meterle un par de kilillos en su cuerpín.
El martes tocaron dos pinchazos, unos para el análisis de sangre y el otro una prueba de no sé qué. Vale.
El viernes volvimos para, bueno, comprobar que la prueba había salido ok.

La cita era a las 9.30h, perfecto, a las 10 ya estaríamos listas, tocaba playa con los demás niños del casal. Ella llevaba el bikini preferido que es como tornasolado en miniescamas sireniles de colores, con lo discreta que es ella, el brilli-brilli le pierde en ocasiones…
Pues la prueba ha salido positiva que en lenguaje médico quiere decir mal, aviso para novatos en idioma médico que tela. Hay que bajar a radiología, le ponen una máscara tangigantesca que se la tiene que ir sujetando con una mano, es el protocolo, que para mí el protocolo es algo más bien de comer el pescado con la pala de pescado y aquí no, aquí es “porque yo lo digo”, siendo este “yo” cualquier alguien con uniforme. La radio parece que tampoco le gusta a la pediatra. Hablan con el hospital de referencia. Nos dejan solas en la consulta. Ella tiene hambre y se come el bocata a escondidas detrás de la máscara. Yo intento hacer una foto de la pantalla del ordenador con su radiografía sin que nos pille una enfermera que no hacen más que entrar y salir. Casi nos pilla una que echa pestes de “las sosas de radiología” y le trae una máscara de su tamaño con dibujitos de mickey. Nos deja tranquilas, ella hace la foto, una dulce niñita es siempre menos sospechosa que yo, aquí y en la seguridad social, eso de toda la vida de dios. Y le tomo el pelo diciéndole que es más guapa por dentro que por fuera. Cosa que es imposible porque la niña es guapísima y cuando sonríe tienes que parpadear del deslumbre. Así es ella.
A las 11.30 me dan la buena noticia, ejem, en Sant Joan de Deu la doctora Nosequién nos atenderá inmediatamente. Es la mejor especialista en medicina tropical.

¿Qué? ¡Alto! ¡un momento! la niña lleva el bikini para ir a la playa y yo, en fin, tengo cosas que hacer, y S se ha quedado sola en casa porque iba a ser un momento. Pues me veo conduciendo en modo automático por la autopista, con un cd de su placa- y placa es radiografía- jo!, cuánto estoy aprendiendo hoy.
Llevo viviendo en Catalunya casi quince años y habré pasado mil veces por delante del hospital. Pues hoy va a ser el día en que lo pise por primera vez. Me parece ser otra persona la que aparca, y sube a la segunda planta y habla con las enfermeras, es programada y al cabo de una hora en la que nos helamos de frío y chateamos con S en Line en la supermoderna sala de espera es llamada a consulta.
Entramos y entran al segundo cuatro enfermeras o doctoras en prácticas guapísimas superbien maquilladas, ¿serán residentes o algo? me fijo en sus acentos y vienen de países del otro lado. Estudian medicina tropical para viajar por el mundo y vivir aventuras. La doctora me habla seria, muy seria, llama a otra, otra más- revisan a la niña. Me hacen muchas preguntas. “Esta niña no tendrá vacunas…” -” sí, sí, ” y le enseño el whatsapp que me mandó su padre con las vacunas (yo se lo pedí para evitar ración extra de pinchazos…)

Flipo un poco con estar el el mejor hospital y que los informes médicos no se sincronicen, o con que la eminente deoctora no llame a la pediatra del pueblo para preguntarle lo de las vacunas, que ella sí lo sabe.
No consiguen abrir el cd de la placa, en su maravilloso ordenador de su mega maravilloso despacho. Bueno, ante la posibilidad de que le tengan que hacer otra radiografía y sufrir otra humillación de la máscara y alargar todo, vuelvo a sacar el iphone para enseñarle la foto de la pantalla que habíamos hecho. No parecen sorprenderse y no me preguntan que a santo de qué hago fotos de los ordenadores de los doctores.
Bueno, yo tampoco hago preguntas, por ahora…
Resuelve la doctora que hay que hacerle- ya- otro análisis de sangre, y una bruja que pasa por ahí que hay que ponerle un gorro verde. Vengaya! Yo le he prometido un día de playa y sobre todo, que lo del médico era un momento y que nada de pinchazos. En este momento decepcionante la doctora me está explicando el protocolo, ahora sé que equivale a putada en diferentes grados. La niña puede que tenga quedarse ingresada. Yo lo oigo como si no fuera conmigo la cosa. Debo tener cara de “modo Off” o algo porque me lo vuelven a explicar.
No, no puede ser. En modo zombi bajamos, le sacan sangre con una jeringa más gorda que su minibrazo, se le escapan dos – o tres- lágrimas.

Volvemos a subir a medicina tropical.
La doctora me da un par de recetas y algo me dice de ” en quince días”.

Salimos después de cinco horas de médicos y doy las gracias de que exista el whatsapp que le ha salvado de más pinchazos y placas. No veo lo de meter el ticket del párking y a punto estoy de cargarme la barrera, menos mal que viene un señor muy amable que .

De vuelta, en el coche, ella se queda dormida, yo me pierdo en Sant Joan d’Espí.

Ella, no os lo he dicho, se despierta muy temprano cada día, y lo primero que hacer es buscarme para darme un beso y un abrazo con una sonrisa que se sale de la cara.

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Adolescentes, Sabina

Un dilema, dos prejuicios y cincuenta decilitros de sangre.

No sé qué hacer, brackets, o no brackets, he ahí la cuestión. Y no sé qué hacer. Madres que sabéis de qué va por esto, por favor, ¡ayudadme!

Pasamos por esto como de mentirijillas hace unos cuatro años. Pero entonces era Vanessa, metro y medio de dentista, ¿cuarenta kilos?, échale 25 años aparentando 18, gafas rosas con purpurina y bata de monos haciendo el mono.  La dentista menos intimidante de todo el plante, la más pro para los padres, ay qué ver qué bien explica las cosas, con qué serenidad y todo va bien con ella, todo es fácil. Y la más guai para los niños; a la salida hay una caja con premio para, una barbie falsa pero qué más da, una libreta para colorear, una goma de saltar. Así que le pusieron a S unos aparatos para dormir y en un año o así ¡adiós oclusión maldita!

S  venía quejándose ultimamente de que no podía cerrar bien los dientes. En fin…que no se diga.. Pido cita que ya le toca, ¿ya han pasado dos años? Ups!

No está Vanessa que está de baja maternal. Buenoooo… En su lugar está Daniel Craig (en una peli de malos). Que noooo, que se llama Oriol. Es una súper suerte porque Oriol , -y es el primer argentino que se llama Oriol que conozco- es especialista en brackets. En brackets para niños no debe ser; Oriol no afloja la cara de Daniel (en una peli de malos).

Le hace un estudio blablamórfico de 120 leuritos. El estudio son 4 folios, a dos tintas, eso sí. Según el estudio hay que corregir un milímetro la desviación bla bla bla. Se me acumulan los prejuicios dentistiles y es que he vivido mil años de incidencias varias en persona. Y sólo dos dentistas que si me dicen tírate por un puente me tiro. Claro que son los que nunca te lo dirán. Los otros…

Mmmm… con esa cara ganaría más de doble de Daniel (en una peli de malos). ¡Qué va! 120 por cuatro folios, ¡y nada escrito! Tal cual ha salido del ordenador me lo cuenta, no os penséis que se ha sentado diez minutos a redactar un informe o algo, noooo, mucho mejor me lo va explicando argentinísimamente…

Mmm… no es tan listo…¿cómo ha llegado a la conclusión de que puedo permitirme el lujerío de unos brackets para la niña? A la vista está de que somos unas víctimas cualesquiera de Amancio de dos temporadas atrás yo, la niña recién llegada de una excursión del cole, no digo más.

No le pido el es-tu-dio para no parecer una paleta, o una desconfiada, o peor, una paleta desconfiada. Me hacen un presu en un momento de mil euracos la entrada y setenta cinco al mes, unos veinte meses. Ah! y claro, ¿si a la mandíbula de la niña le da por parecerse a la de su padre y a la de Sarah Jessica Parker y Jennifer Aniston? que tiene once años y le quedan un par de estirones, por lo menos…-“Pues habrá que valorar otra opciones”, dice más Daniel que nunca. -“Entiendo”… me oigo decir.

En la calle tropezamos con el bus para donar sangre.-“¿ Sabes que te digo, S?, para que me saquen la sangre por las malas, hoy se la doy a quién me da la gana, al menos a quien la necesita”. Con medio litro de sangre menos el el cuerpo estoy un poco mareada pero mucho más tranquila.

Vosotras, ¿qué haríais? ¿os haríais las locas y a esperar al año que viene, o a que pase la crisis? ¿mandaríais a vuestro marido a robar pedir el es-tu-dio? ¿iríais a casa de Vanessa a ver al recién nacido?

 

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Adiós a las Teresitas. Cuando una puerta se cierra y demás topicazos.

Hoy es el último día. Miento, es mañana pero mañana no seré persona cabal sino rastrojo arrastrao por el dospuntocerismo. Hoy toca, pues, despedirse, y es una mierda. Hoy hago el papelón y me digo tópicos para espantar el susto. Cuando una puerta se cierra se abre no sé qué. Que eres una excelente profesional mejor persona, que seguro seguro volveremos a encntrarnos. Vaya mierda. La realidad es que te quedas en la calle sin saber por qué, ¿pensando que has hecho algo mal?. Detrás del bla bla bla que no te diré porque ya me conoces un poco y no cuela. Te diré, si puedo, que no será igual, y me guardaré el :”será peor” por no hacernos daño.

Pero no será igual. Y hoy no me da la gana de guardar estos tres meses y poco como un tesoro increíble. Hoy estoy triste.

Y ahora qué. Ahora que sé que cuando dices ” Ahora te comento cositas” si estuviéramos en una relación sentimental sería el equivalente al temido “tenemos que hablar”. Y viene algo gordo.

Ahora me doca decirte adiós y gracias. Las Teresitas, o sea, tú y yo, ya no seremos más. Nos adentraremos a partir del lunes por otros bosques y nos tropezaremos con otros lobos.

Gracias por reírte tanto conmigo, de mí, de tí, de los hastags y las arrobas, de todo, en plan sano y muy contagioso. Por abrumarnos a la vez después de una sobredosis de glamour, ni que sea slow, las sobredosis es mal. Por los vídeos que me has regalado para cerrar el día o la semana y que decían más de lo que tu te crees.

En algún sitio quedará tu vocecilla de no haber roto un plato, si acaso algún vaso pero nadie se acuerda ya. Tu sonrisa siempre. Tu manojo de nervios disimulado hasta costarte una enfermedad crónica. El entusiasmo. Tu amor por las palabras. Hablar de los textos como si tuvieran vida y los peinaras y vistieras y les dieras un beso en la frente para mandarlos al cole. ” Este texto no respira” decías toda preocupada. “Le falta aire”. “Mmm… No acaba de estar redondo…”. “Y se le damos un poco más de espacio”. Los primeros días, cuando aún no sabíamos lo que éramos y discutimos por “boniteces” -“que no está el RAE”, osaste apuntillarme,¡a mí!. “Ni en el María Moliner”, estuve a puntito de contestarte. Pero eras demasiado buena gente. Sin querer queriendo  lo arreglamos en seguida como en seguida  empezamos a currar en sintonía. Teresita, luego TLo, Teresuki, Suki, Teresa cuando te he pedido socorro diez mil veces y diez mil veces lo has dejado todo para salir corriendo a apagar el fuego.

Lo sé, no hay vuelta atrás.

 

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#adiós ;)

 

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