hermanas

Ahora que no está.

En la maleta no han cabido tantas cosas, algunas no ha querido, otras no se ha podido, y las que nos hemos olvidado.

La chistera negra que llevaba para ir por casa bastante de vez en cuando, el bolsito de flores que le regaló Pili, con medio paquete de pipas churruca atado con una goma amarilla y un billete de diez, propinilla de la abuela cuando estuvimos por Zaragoza. El anillo verde mint con un lacito que se ponía en las ocasiones, o sea, un día sin otro, el rosa fosfo. Un plumas lila que no cupo a última hora. 

Los vinticinco kilos de maletoncio que hice y deshice tres veces en la mañana en la que sudé todo lo que no he sudado este verano raro. No pudieron ser leche condensada, nutella sólo un bote, botas, y en cambió le dimos prioridad a su cajita de música con una niña y un girasol dibujados en la tapa que la abres y suena ” Here comes the sun“.  También, claro, los regalos que compró para su familia.

El primer día que llego, me acuerdo, fuimos a un centro comercial para comprarle un bikini y un pantalón al menos, porque toda la ropa que le había preparado era gigantesca. Ehyeiba no quería nada para ella, pero para su hermanita, un bebé de diez meses, compramos un vestidito blanco con topitos naranjas y una camiseta de un osito. A su madre una chaqueta de punto de seda azul marino, y otro día en un mercadillo quiso unos pendientes de brillantes con perla. (Así es de clasicota la niña, digo, de elegante). Unas bailarinas negras para su hermana mayor.

Para los niños, unas pinturas de dedos para el pequeño y una sudadera con capucha Tommy Hilfiger gris para el mayor. 

Luego he metido libretas, lápices, rotuladores, tijeras, pega, cremas, paracetamol, sus medallas y el albúm de fotos. Se lleva también y sin permiso un trozo pero grande de nuestros corazones, casi sin darnos cuenta la muy ladronzuela, y no sólo mío.

Deshago el lío de sábanas que es su cama y aparece su osito de peluche blanco, – Olaf, sí, por Frozen – Salgo a la terraza a tender y me clavo en el pie un muñequito, es Sonia, la madre de su familia playmobil .

En el iphone tengo todavía el teclado árabe. Entro en la cocina y está la cestita de sus medicinas con la jeringa ahí, ahora sin sentido. Me veo ahora en el salón con el super glue en la mano, pegando el pico del pato que hizo con barro. Mientras me cepillo los dientes miro el vaso donde ha quedado el naranja, el suyo, y esa visión me pellizca algo por dentro.

 No sé cómo una niña tan pequeña ocupa tanto, ahora que no está.

 

 

 

camino

Esta es la foto que resume estos dos meses, el camino tenía alguna curva inesperada.

Ah! y el sol que ya sé por qué lo hemos visto poco;  ¡porque lo tenía yo en mis manos!

 

 

Estándar
Uncategorized

La verdad. Ja. ja.

La verdad es que la verdad está sobrevalorada y si alguien con cara de estar diciéndote la verdad te habla de la verdad como valor supremo bla boa bla, o te está tomando el pelo o vete corriendo porque te va a caer una encima pero gorda.
La verdad hace mucho daño y eso lo sabe todo el mundo.

La verdad es que la niña tiene una enfermedad, digamos…- abrimos
una perífrasis para no decir la verdad- cuyas consecuencias allí son fatales e irreversibles- que allí donde ella vive el acceso a la diagnosis y tratamiento es limitado. ¿Ha quedado bien?, ¿verdad? . Que mira que es un jarabe y una pastilla que sin seguridad social sale por unos 20€. La verdad es que allí no se la hubieran diagnosticado y para cuando los síntomas hubieran sido evidentes pues eso, dos líneas arriba lo he dicho.

La verdad es que a su padre le dije palabras elegidas con cuidado. Totalmente controlada, no contagiosa, tratamiento, solo tres meses, tranquilidad.
Es igual, los silencios al otro lado del teléfono me hicieron sentir como una bruja, le estaba haciendo daño con mis malas noticias.

¿ O no? La verdad es que la primera vez que hablé con él insistió en que le dijera al médico que la niña “es débil físicamente”. Entonces me pareció un padre exagerao y amoroso con su niña. Y a lo mejor sabía algo, o lo intuía. Si es así y si él hubiera dicho, la verdad, ni siquiera hubiera podido salir de los campamentos, o sí, pero a un centro de enfermos. Y yo, si hubiera sabido la verdad ¿la hubiera acogido?

No lo sé. No sé cuál es su verdad. (Qué más da. En su caso y si es así, yo hubiera querido poder hacer lo mismo; encontrar la manera de curar a mi hija).

Al final de la conversación me pidió que no le dijera nada a su madre para no alarmarle. Viven a miles de kilómetros uno del otro, cosas de refugiados, ya se sabe.
Entonces lo entendí perfectamente. Ella no puede hacer absolutamente nada, y las noticias a kilómetros de distancia se agrandan más, y todo eso.

Con su madre al día siguiente me hice la loca y que si quedaba una prueba y tal y que ya le diría, todo por ganar tiempo.

Después he empezado a darle vueltas … Dentro de un rato vamos a llamar a su madre otra vez, y ¿ qué le digo? ¿bah! no le digo nada al respecto, y ya cuando se lo encuentre en casa le comento como si nada? Pero ¿no tiene derecho a saber lo que le pasa a su hija?

Y yo, ¿tengo yo derecho a hacerle daño?

 

Chema madoz

 

la foto imposible y bella es de  Chema Madoz

 

 

Estándar
familia, niñas, pediatra

A los quince días de la niña en casa, el primer susto gordo.

Descubriendo el hielo

Descubriendo el hielo y tantas cosas

Tengo que pensar menos. Espero a algo que valga realmente la pena y dejo escapar mil millones de cosas. El día que llegó, su casa de susto disimulado, las bragas blanquísimas de niña de primera comunión, la ropa estrafalariamente grande. El primer baño en la piscina con esos temblores de emoción, los nervios de las escaleras automáticas.
Ser madre de acogida es mejor y es peor, desde aquí os lo digo. -“Bah! solo son dos meses y luego puerta”.
Ya, Ya.. La primera semana se nos ha ido en hacernos a ella y ella a nosotros. Un no parar de finales de curso de teatro y un concierto mío en el monasterio de Les Avellanes, que con tanto ensayo y todo la niña ya sabe cantar en japonés. – Joe Hisaishi, muy recomendable, by the way-. La primera semana no llegó a la cena ni un solo día, se quedaba frita antes, de repente se le cierran lo ojos, apoya la cabeza en el hombro o en el regazo de S, y ya.
En yo estar extrañamente despistada y feliz; me desapareció un pendiente, de los que llevo siempre. Y me ha importado menos que nada ir con un pendiente solo. Igual con los sujetadores, misteriosamente han desaparecido todos y he ido tirando del que no lleva tirantes, que no es lo más cómodo del mundo que digamos, y el de correr, que no es el más favorecedor del mundo que digamos . Y tan happy, yo. Raro, ¿no?
La segunda semana han aparecido en acción los médicos. Y yo me las prometía felicísima; la vista bien, claro, los dientes perfectos, buah!, ¡la mía es una súper niña!. Un poco demasiado delgadita, tranquilos todos, tenemos dos meses para meterle un par de kilillos en su cuerpín.
El martes tocaron dos pinchazos, unos para el análisis de sangre y el otro una prueba de no sé qué. Vale.
El viernes volvimos para, bueno, comprobar que la prueba había salido ok.

La cita era a las 9.30h, perfecto, a las 10 ya estaríamos listas, tocaba playa con los demás niños del casal. Ella llevaba el bikini preferido que es como tornasolado en miniescamas sireniles de colores, con lo discreta que es ella, el brilli-brilli le pierde en ocasiones…
Pues la prueba ha salido positiva que en lenguaje médico quiere decir mal, aviso para novatos en idioma médico que tela. Hay que bajar a radiología, le ponen una máscara tangigantesca que se la tiene que ir sujetando con una mano, es el protocolo, que para mí el protocolo es algo más bien de comer el pescado con la pala de pescado y aquí no, aquí es “porque yo lo digo”, siendo este “yo” cualquier alguien con uniforme. La radio parece que tampoco le gusta a la pediatra. Hablan con el hospital de referencia. Nos dejan solas en la consulta. Ella tiene hambre y se come el bocata a escondidas detrás de la máscara. Yo intento hacer una foto de la pantalla del ordenador con su radiografía sin que nos pille una enfermera que no hacen más que entrar y salir. Casi nos pilla una que echa pestes de “las sosas de radiología” y le trae una máscara de su tamaño con dibujitos de mickey. Nos deja tranquilas, ella hace la foto, una dulce niñita es siempre menos sospechosa que yo, aquí y en la seguridad social, eso de toda la vida de dios. Y le tomo el pelo diciéndole que es más guapa por dentro que por fuera. Cosa que es imposible porque la niña es guapísima y cuando sonríe tienes que parpadear del deslumbre. Así es ella.
A las 11.30 me dan la buena noticia, ejem, en Sant Joan de Deu la doctora Nosequién nos atenderá inmediatamente. Es la mejor especialista en medicina tropical.

¿Qué? ¡Alto! ¡un momento! la niña lleva el bikini para ir a la playa y yo, en fin, tengo cosas que hacer, y S se ha quedado sola en casa porque iba a ser un momento. Pues me veo conduciendo en modo automático por la autopista, con un cd de su placa- y placa es radiografía- jo!, cuánto estoy aprendiendo hoy.
Llevo viviendo en Catalunya casi quince años y habré pasado mil veces por delante del hospital. Pues hoy va a ser el día en que lo pise por primera vez. Me parece ser otra persona la que aparca, y sube a la segunda planta y habla con las enfermeras, es programada y al cabo de una hora en la que nos helamos de frío y chateamos con S en Line en la supermoderna sala de espera es llamada a consulta.
Entramos y entran al segundo cuatro enfermeras o doctoras en prácticas guapísimas superbien maquilladas, ¿serán residentes o algo? me fijo en sus acentos y vienen de países del otro lado. Estudian medicina tropical para viajar por el mundo y vivir aventuras. La doctora me habla seria, muy seria, llama a otra, otra más- revisan a la niña. Me hacen muchas preguntas. “Esta niña no tendrá vacunas…” -” sí, sí, ” y le enseño el whatsapp que me mandó su padre con las vacunas (yo se lo pedí para evitar ración extra de pinchazos…)

Flipo un poco con estar el el mejor hospital y que los informes médicos no se sincronicen, o con que la eminente deoctora no llame a la pediatra del pueblo para preguntarle lo de las vacunas, que ella sí lo sabe.
No consiguen abrir el cd de la placa, en su maravilloso ordenador de su mega maravilloso despacho. Bueno, ante la posibilidad de que le tengan que hacer otra radiografía y sufrir otra humillación de la máscara y alargar todo, vuelvo a sacar el iphone para enseñarle la foto de la pantalla que habíamos hecho. No parecen sorprenderse y no me preguntan que a santo de qué hago fotos de los ordenadores de los doctores.
Bueno, yo tampoco hago preguntas, por ahora…
Resuelve la doctora que hay que hacerle- ya- otro análisis de sangre, y una bruja que pasa por ahí que hay que ponerle un gorro verde. Vengaya! Yo le he prometido un día de playa y sobre todo, que lo del médico era un momento y que nada de pinchazos. En este momento decepcionante la doctora me está explicando el protocolo, ahora sé que equivale a putada en diferentes grados. La niña puede que tenga quedarse ingresada. Yo lo oigo como si no fuera conmigo la cosa. Debo tener cara de “modo Off” o algo porque me lo vuelven a explicar.
No, no puede ser. En modo zombi bajamos, le sacan sangre con una jeringa más gorda que su minibrazo, se le escapan dos – o tres- lágrimas.

Volvemos a subir a medicina tropical.
La doctora me da un par de recetas y algo me dice de ” en quince días”.

Salimos después de cinco horas de médicos y doy las gracias de que exista el whatsapp que le ha salvado de más pinchazos y placas. No veo lo de meter el ticket del párking y a punto estoy de cargarme la barrera, menos mal que viene un señor muy amable que .

De vuelta, en el coche, ella se queda dormida, yo me pierdo en Sant Joan d’Espí.

Ella, no os lo he dicho, se despierta muy temprano cada día, y lo primero que hacer es buscarme para darme un beso y un abrazo con una sonrisa que se sale de la cara.

Estándar
Adolescentes, Sabina

Un dilema, dos prejuicios y cincuenta decilitros de sangre.

No sé qué hacer, brackets, o no brackets, he ahí la cuestión. Y no sé qué hacer. Madres que sabéis de qué va por esto, por favor, ¡ayudadme!

Pasamos por esto como de mentirijillas hace unos cuatro años. Pero entonces era Vanessa, metro y medio de dentista, ¿cuarenta kilos?, échale 25 años aparentando 18, gafas rosas con purpurina y bata de monos haciendo el mono.  La dentista menos intimidante de todo el plante, la más pro para los padres, ay qué ver qué bien explica las cosas, con qué serenidad y todo va bien con ella, todo es fácil. Y la más guai para los niños; a la salida hay una caja con premio para, una barbie falsa pero qué más da, una libreta para colorear, una goma de saltar. Así que le pusieron a S unos aparatos para dormir y en un año o así ¡adiós oclusión maldita!

S  venía quejándose ultimamente de que no podía cerrar bien los dientes. En fin…que no se diga.. Pido cita que ya le toca, ¿ya han pasado dos años? Ups!

No está Vanessa que está de baja maternal. Buenoooo… En su lugar está Daniel Craig (en una peli de malos). Que noooo, que se llama Oriol. Es una súper suerte porque Oriol , -y es el primer argentino que se llama Oriol que conozco- es especialista en brackets. En brackets para niños no debe ser; Oriol no afloja la cara de Daniel (en una peli de malos).

Le hace un estudio blablamórfico de 120 leuritos. El estudio son 4 folios, a dos tintas, eso sí. Según el estudio hay que corregir un milímetro la desviación bla bla bla. Se me acumulan los prejuicios dentistiles y es que he vivido mil años de incidencias varias en persona. Y sólo dos dentistas que si me dicen tírate por un puente me tiro. Claro que son los que nunca te lo dirán. Los otros…

Mmmm… con esa cara ganaría más de doble de Daniel (en una peli de malos). ¡Qué va! 120 por cuatro folios, ¡y nada escrito! Tal cual ha salido del ordenador me lo cuenta, no os penséis que se ha sentado diez minutos a redactar un informe o algo, noooo, mucho mejor me lo va explicando argentinísimamente…

Mmm… no es tan listo…¿cómo ha llegado a la conclusión de que puedo permitirme el lujerío de unos brackets para la niña? A la vista está de que somos unas víctimas cualesquiera de Amancio de dos temporadas atrás yo, la niña recién llegada de una excursión del cole, no digo más.

No le pido el es-tu-dio para no parecer una paleta, o una desconfiada, o peor, una paleta desconfiada. Me hacen un presu en un momento de mil euracos la entrada y setenta cinco al mes, unos veinte meses. Ah! y claro, ¿si a la mandíbula de la niña le da por parecerse a la de su padre y a la de Sarah Jessica Parker y Jennifer Aniston? que tiene once años y le quedan un par de estirones, por lo menos…-“Pues habrá que valorar otra opciones”, dice más Daniel que nunca. -“Entiendo”… me oigo decir.

En la calle tropezamos con el bus para donar sangre.-“¿ Sabes que te digo, S?, para que me saquen la sangre por las malas, hoy se la doy a quién me da la gana, al menos a quien la necesita”. Con medio litro de sangre menos el el cuerpo estoy un poco mareada pero mucho más tranquila.

Vosotras, ¿qué haríais? ¿os haríais las locas y a esperar al año que viene, o a que pase la crisis? ¿mandaríais a vuestro marido a robar pedir el es-tu-dio? ¿iríais a casa de Vanessa a ver al recién nacido?

 

Estándar
Uncategorized

Adiós a las Teresitas. Cuando una puerta se cierra y demás topicazos.

Hoy es el último día. Miento, es mañana pero mañana no seré persona cabal sino rastrojo arrastrao por el dospuntocerismo. Hoy toca, pues, despedirse, y es una mierda. Hoy hago el papelón y me digo tópicos para espantar el susto. Cuando una puerta se cierra se abre no sé qué. Que eres una excelente profesional mejor persona, que seguro seguro volveremos a encntrarnos. Vaya mierda. La realidad es que te quedas en la calle sin saber por qué, ¿pensando que has hecho algo mal?. Detrás del bla bla bla que no te diré porque ya me conoces un poco y no cuela. Te diré, si puedo, que no será igual, y me guardaré el :”será peor” por no hacernos daño.

Pero no será igual. Y hoy no me da la gana de guardar estos tres meses y poco como un tesoro increíble. Hoy estoy triste.

Y ahora qué. Ahora que sé que cuando dices ” Ahora te comento cositas” si estuviéramos en una relación sentimental sería el equivalente al temido “tenemos que hablar”. Y viene algo gordo.

Ahora me doca decirte adiós y gracias. Las Teresitas, o sea, tú y yo, ya no seremos más. Nos adentraremos a partir del lunes por otros bosques y nos tropezaremos con otros lobos.

Gracias por reírte tanto conmigo, de mí, de tí, de los hastags y las arrobas, de todo, en plan sano y muy contagioso. Por abrumarnos a la vez después de una sobredosis de glamour, ni que sea slow, las sobredosis es mal. Por los vídeos que me has regalado para cerrar el día o la semana y que decían más de lo que tu te crees.

En algún sitio quedará tu vocecilla de no haber roto un plato, si acaso algún vaso pero nadie se acuerda ya. Tu sonrisa siempre. Tu manojo de nervios disimulado hasta costarte una enfermedad crónica. El entusiasmo. Tu amor por las palabras. Hablar de los textos como si tuvieran vida y los peinaras y vistieras y les dieras un beso en la frente para mandarlos al cole. ” Este texto no respira” decías toda preocupada. “Le falta aire”. “Mmm… No acaba de estar redondo…”. “Y se le damos un poco más de espacio”. Los primeros días, cuando aún no sabíamos lo que éramos y discutimos por “boniteces” -“que no está el RAE”, osaste apuntillarme,¡a mí!. “Ni en el María Moliner”, estuve a puntito de contestarte. Pero eras demasiado buena gente. Sin querer queriendo  lo arreglamos en seguida como en seguida  empezamos a currar en sintonía. Teresita, luego TLo, Teresuki, Suki, Teresa cuando te he pedido socorro diez mil veces y diez mil veces lo has dejado todo para salir corriendo a apagar el fuego.

Lo sé, no hay vuelta atrás.

 

7a067e67e770792b5a6f5d6011ca4f49

#adiós ;)

 

Estándar
Uncategorized

Primavera árabe parte segunda; Mark Zuckerberg, Marie Forleo, Gajmula y yo.

Todo empezó hace poco más de un año, con Gajmula por aquí queriendo ser moderna. Y queriendo tener móvil como toda adolescente sea cual sea su mundo. – “Gajmula , y no quieres un iphone”, le preguntaba yo, “para qué en el Sahara no hay internet”. Ella siempre con los pies en la tierra, en la arena, mejor dicho. “Y para qué quieres móvil”. Absurda pregunta que hacemos todos los padres. Acaso les preguntamos y para que quieres respirar o beber agua. Allá que se volvió al Sahara con el nokia tan contenta, el nokia y las latas de atún para su madre, la radio, las bragas y sujetadores de mil colores para sus hermanas. Las maravillosas botas altas de taconazo, italianas, que le compré en un momento de locura carpe diem. Botas por otra parte las más amortizadas del planeta; las lleva Gajmula, sus hermanas, sus amigas, y las hermanas de sus amigas. 

Hace dos días recibo una llamada perdida con el 213 por delante. Algeria. Es Gajmula. Le llamo. Por el tono de voz y a diferencia de otras veces la noto contenta. Yo también estoy feliz de hablar con ella. Lo primero que me dice, que tiene facebook. ¡Tomayá! Me da un alegrón que no sé de donde viene. Que está en Algeria estudiando entiendo que secundaria, árabe, francés, inglés…¿y español? se ríe. Está con su hermana Surya que estudia medicina. Estoy tan contenta por ella. Con lo pesados que fuimos TODOS, y vosotras sabéis quienes sois con el “Gajmula, tienes que estudiar”, “Gajmula estudia, eres inteligente, te gusta, puedes, tienes que hacerlo”. Y me siento más feliz que cuando mis hijas se licencien cum laude en la universidad. 

Gajmula en un facebook compartido con el nombre de su hermana y un apellido que es un país que no existe más que en su corazón. 

Gajmula escribiendo en un español “natural” como lo piensa, “Kiro sir samiga” es “quiero ser su amiga” , cosas así.

Y va y esta mañana se hace amiga de Marie Forleo, una de mis gurusas que si no conocéis ya estáis tardando. Su última entrevista es con Arianne Huffington, en este nivel. Flipo mucho muchísimo. Y conociéndola, esto es solo el principio. 

Y así empezó la revolución, diremos dentro de muy poquito, con unas niñas trasteando en facebook y creciendo por su cuenta, saltándose el rollo de los políticos que no se lo traga ya nadie.

Gracias a la madre de Gajmula, a Sonia y Silvia que le empujaron más que yo, y a Fernando, por todo.Imagen

 

 

Estándar
África, hermanas, Uncategorized

138 días para que una pequeñaja me deje sin siestas bajo la higuera.

Que no, que no estoy embarazada, pero la emoción es máxima. Si todo va bien y el Frente Polisario no lo remedia, que ya sabemos que desastrosos son en casi todo, este verano seré madre de acogida de una niña saharaui. Hala!, ¡ya está ! es que es una noticia que me hace tanta ilusión que  la llevo en medio secreto por si se estropea o algo.

Y, bah! Si no soy novata, si ya Gajmula me curtió pero bien curtida. Acoger a Gajmula ha sido el susto más grande de mi vida. La experiencia más intensa, y he parido dos niñas y las he criado y las sigo criando, vamos. Nunca antes me había sentido desbordada y superada y mis amigas ahora si lo leen se llevan las manos a la cabeza porque la cara de susto no se me pasó en una semana.

Por causas nunca aclaradas y ahora para qué, en vez de la niñita de 8 años que teníamos asignada y a la que habíamos preparado con ilusión y esmero peluches y vestiditos de volantes, nos apareció en casa una adolescente de 15 años. Me hice el máster acelerado  en madre de adolescente y ni siquiera era mía. Yo que todavía estaba en la fase ratoncito pérez y así. Por circunstancias naturales y evidentes el primer día me ví explicándole qué era un tampón y para qué servía. Madre… qué ojos como platos me puso. Ese fue el principio de un verano que nos cambió la vida a todos, a ella que en dos meses le cortamos el pelo, se hizo un piercing, le pusimos gafas, me recorrí con ella todos los hospitales de la comarca. Le enseñemos Disney, Crepúsculo y las noches de Friends en sesiones de 4 capítulos seguidos, muy fan de Phoebe, Gajmula. Cuando se cansaba de estar sentada se dejaba deslizar al suelo. El primer día que la puse en la cama se cayó al suelo. Gajmula que ha asistido a más partos que yo a eventos solidarios. Que vive en el desierto que no tiene agua, que en el restaurante llamaba garçon al camarero. Que podía tener la mirada más dura que la reina del mercadillo. Que tenía una puntería imbatible con el tirachinas, que se fue igual de flaca y me lo echaba en cara: “claro, todo el día de aquí para allá, de allá para aquí, y más negra todavía para su desespero. Que cuchicheaba por las noches con mis hijas, las tres durmiendo juntas en la misma habitación.

Nunca he visto llorar a V como cuando se despedía de Gajmula, nunca. Yo la echo de menos.  A veces no sé si todas las ideas que se llevó de aquí; de derechos de las mujeres, de libertad, de dignidad, le ayudarán o le costarán carísimo.. Gajmula no saldrá del desierto y me ha costado un año que el dolor no me queme. Dar gracias por ella y la suerte que tuvimos de disfrutar de su sentido del humor; de Sabina enseñándole a leer, de la primer vez que fue al cine el miedo que le dio la oscuridad, el asco a la textura de los helados, lo contenta que se puso cuando le enseñó Fernando a ir en bici, que iba gritando “¡Soy libre!..” como si fuera volando…

Ahora estoy preparada y no me aguanto las ganas que tengo. Esta vez será una niña pequeña que tendrá mil primeras veces. Los grifos, saltar olas, la sandía, las escaleras automáticas, el coche, las amigas.

Contando los días que faltan estoy.

sun shine

Estándar