Los 5 errores que lanzan tu productividad al estrellato. Y ahí que se estrella.

¿Tienes un pico de trabajo importante? ¿plazos de entrega que se te echan encima? Hay que pasar a la acción: una dieta hipoestimulante te mantendrá centrada en tu trabajo, y aumentará tus horas de trabajo para que rindas al máximo.

5 trucos que no fallan al principio y luego son lo peor.

1.- Deja de escuchar música. Qué es eso de encontrarte tarareando una melodía, o disfrutando de una canción  que te emociona en medio de tu autoimpuesta jornada de trabajo. Eso es una pérdida de tiempo, de energía y emotividad que no sirve para nada. Sé la mejor versión talibán de tí misma y manda el Spotify, Stereomood o tus Cd’s directamente a tomar viento. Centrémonos en silencio sepulcral.

2.- Deja de correr. A ver, eso de calzarte las zapatillas de buena mañana para salir a corretear sin ton ni son por la playa. Que respiras aire puro. Tampoco está tan mal el de tu casa. Que te abre la mente. No lo necesitas,  ya sabes lo que tienes que hacer. No despegar los ojos de la pantalla ni el culo de la silla. Que correr te da subidón y ganas de hacer cosas y buen rollo y energía y estás más simpática y alegre. Paparruchas. Lo dicho. Al tajo.

3.- Deja de leer. No por nada. Por dos cosas. La primera, es perder el tiempo que no veas. Que hija mía, te quedas hasta las tantas y luego hay que madrugar… y la segunda, eres demasiado influenciable y la verdad, que sos libros con esas historias tan desgraciadas. A ver, que si me dices que echas un ojo a In Style para relajarte, pero no, no. Venga Coetzee, Roth, Zweig, o Siri Hustved que es que te hacen llorar literalmente. Fuera libros.

4.- Deja de conocer gente nueva. Mira, está muy bien porque eres curiosa por naturaleza y crees, de verdad además, que cada persona tiene una historia que contar, y que cada uno tiene una forma de ver el mundo y siempre siempre, o casi siempre aprendes algo que te llega. Pero a estas alturas de la película, qué más da. Si tu ya has ido y has vuelto. Mejor quédate con lo conocido que no tendrás que pensar en otras cosas que te llevan otras más.

5.- Deja de tomar de café con las amigas. Por el café que todavía es una droga permitida y te relaja y te dan ganas de hablar que no veas y porque hablar con una amiga de todo y de nada es lo mejor del mundo. Si hablas de un problema gordo, se ve menos gordo. Si estás ante una encrucijada, expresarlo en voz alta delante de una amiga te ayuda a aclarar tus pensamientos. Si estás de risas, ¡se multiplican! …Y quién está de risas. El trabajo es algo muy serio. Nada de cafés entonces.

Esta dieta se aguanta un tiempo corto y luego qué. Me he quedado seca y de ahí no sale nada. Nada. Un efecto rebote que ni la dukan que también la sufrí. Yo que tenía tanta ilusión por empezar el año con ideas geniales, motivadoras y todo. ¿Qué hago? ¿Qué hago con este nudo aquí por dentro?

no elephants

 

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5 cosas que he aprendido en 2013

 

5 cosas cada día de 2013 podía haber puesto, porque vaya año hemos tenido. Me subí al dragón kahn a principios de año y ha sido vuelta tras vuelta. De subidón a los cielos a cerrar los ojos por no ver la leche que me iba a pegar de bajada, que han sido unas pocas y aquí estamos, no nos quejemos.

Como siempre sin criterio alguno, cinco de las mil cosas que he aprendido. S dice que – (estoy pensando en voz alta mientras paseamos a Bilú) he aprendido a hacer las mejores croquetas del mundo.

Y el mundo se ha parado en este instante. Dejo caer la correa y le arreo un arrechucho a S que no la asfixio de poco. Ya mi vida tiene sentido, sin ironía. Con temas gastro poca broma.

Mamá, no es verdad. Las tuyas son mucho mejores.

Etsy

1.- Mejor hecho que perfecto. Aprendido si no recuerdo mal de Marketing de guerrilla. Soy indocumentada irremediable, y leo bastante y a veces me acuerdo dónde, a veces. La cosa. Que el perfeccionismo y la reflexión nos pueden paralizar y esperamos, por ejemplo con el blog, a saber escribir, no digo bien sino a saber escribir y que llegue, que no tengo otro objetivo, y que llegue no a todo el mundo, que llegue a quien le llegue. Ya me entendéis. Y a tener un diseño bonito, y a publicar cada semana. Bla, bla, bla, pues si espero a que todo esté perfecto no haría nada. Hay miles de ejemplos. De cosas que queremos hacer y no hacemos porque no son perfectas y a lo mejor sería maravillosas o serían, sin más y eso, que mejor hacer que no hacer. Aprendido en teoría y práctica.

2.-  Perder la vergüenza es vergonzosoHe pasado por la vergüenza de saludar a personas a las que admiro mucho, sin desmayarme ni nada, de escribir mails  más directos, sinceros, y afectuosos que nunca,  y recibir los mails más directos, sinceros, afectuosos y generosos que nunca. He hecho un especie de Striptease en un grupo amateur de teatro- ya si eso en otro post los detalles. He hablado en público y ¡lo he disfrutado! y me he puesto roja y he creído morir y me ha molado bastante. Soy tímida, y qué. A veces , si la cosa vale la pena, hago el esfuerzo y me desetiqueto de tímida. 

3.- Ganarse el pan cuestaPero mucho. Trabajar es  duro y hay que currar. Vaya cosa, sí, ya . Me refiero a sentir la relatividad del tiempo dinerilmente hablando. Lo que cuesta que entre y lo rápido que sale. Une merde.

4.- Por las buenas mejor que por las malas. Y esto no va con las niñas que ya lo sabía desde toda la vida. Va del curro. Resulta que el látigo no me va, y curro más y más a gusto si hay buen rollo. ¿Elemental? no tanto, también he aprendido que  hay quien solo arranca si pegas un zapatazo en la mesa. Y otra cosa muy importante que me tiene obsesionada;  no sale igual por las buenas que por las malas. No, no sale igual.  Y hablo de intención, de voluntad, de querer hacerlo, de ponerle cariño, eso de hacerlo porque quieres hacerlo. Y sea correr, cantar, hacer croquetas, redactar un informe, lo que sea.

5.- No soy tan importante. Que los demás bastante tienen con los suyo para preocuparse por mis chorradas. Que no me juzgan ni me dejan de juzgar, así que no vale de nada agobiarse pensando qué pensarán. Ademas ¿Alguien quiere ser amigo de todo el mundo? la respuesta rápida puede que sea, pues claro. Pues piensa dos segundos ¿de verdad quieres que esa sea amiga tuya? ¿de verdad quieres que ese sea tu amigo? yo, a lo mío.

y vosotras, ¿tenéis la sensación de haber aprendido algo este año?

La pulserita de la foto es de Etsy

y la receta de las mejores croquetas del mundo en Webbos fritos, ¡dónde si no!

‘Soñar está bien, actuar está mejor’

Y lo digo yo, soñadora despierta donde las haya. A veces creo que vivo en universos paralelos y todo. Y ahora que he descubierto que vale ya de soñiquear, que actuar está mucho mejor, ¿quién tiene guts?
Mientras me los encuentro veo clips de gente que hace locuras con mucha envidia y ganas, a ver si me tiro ya a la piscina. En el blog de Alguienmedijo que es un blog que no recomiendo nada porque Luis es un tío muy loco y muy cuerdo a la vez, y eso es raro de narices, vi esto. El blog no es nada de boniteces por las que suelo pasearme, y sin embargo cuando voy de visita por su casa a veces me hace reír, a veces me hace pensar, a veces utiliza un lenguaje demasiado grueso para mis estándares,(¿así hablo yo?¡horror!) a veces escribe más limpio y claro que un Lázaro Carreter. Como tiene gustos disparatados dispares, suele asustarme sorprenderme. Y eso mola. Le he pispado este video que es un spot de Nike que hoy me ha gustado un montón. Ya está. Que dan ganas de vivir como si aún pudiéramos salvarnos, algo así.
#makeitcount

Proyecto 333. 3 meses, 33 prendas. Soy ecoblogger, ¿o es egoblogger?

Proyecto 333, pronúnciese tres trenta y tres, 3 meses, 33 prendas de ropa. Y eso para qué. Pues porque soy culo inquieto mujer de retos, algunos serios (El First, ser madre de acogida de una niña saharaui entrarían aquí) y otros bastante tontuscos ( el reportaje para TV3 telenoticias hablando de libros entraría no aquí, sino directamente en reto suicida). Éste en concreto me parecía simpático, y fácil. Voy de ecofriendly y reutilizadora y un micropelín hipster y yo que sé. Y bueno, no sé vosotras. Si estáis en el extremo de: ‘¿33?, camisetas blancas ya tengo más de 44. O en el otro lado: ‘con 33 prendas me visto yo y toda mi familia el año entero. Yo… en un cómodo ni tanto ni tan poco.

Estoy casi al final, porque empecé el 21 de junio, pensé que hacerlo en verano era más sencillo, con dos ventajas añadidas: la primera, vivo en una ciudad mediana de playa, lo cual interpreto como voy en chanclas de mayo a octubre ambiente más o menos relajado. La segunda, mi vida social 1.0 consiste en pasear al perro del parque a una cafetería con terraza sombreada, arrastrar a las niñas del parque a una cafetería sombreada. A veces el recorrido admite variaciones tan alucinantes como la playa, o la biblioteca. Lo cual interpreto como voy en chanclas de mayo a octubre ambiente más o menos relajado.

Y ahora el inventario, espero que incompleto, no quiero aburriros. Pero que lo mejor es al final las conclusiones devastadoras para mi ego asombrosas.

Mis 33 prendas, prenda:

1.- Tres pantalones largos. Dos son tejanos (Ay que se ha escapao una barcelonada) uno blanco, otro negro. Un pantalón arena o camel o toffee un pelo más formal. Que solo me lo he puesto una vez en todo el verano, y era un funeral. Espero no volver a ponérmelo.

2.- Un pantalón corto, para mí es prácticamente un minishort para Blair son casi bermudas. Gris con el acabado con unos bordaditos en negro.

Inciso, antes de que estuviera de moda yo ya iba en pijama por la calle. En verano o en invierno, en plan top lencero con chaqueta gorda y tejanos con botas. Supercómodo, os lo recomiendo mucho. A veces también un pantalón de pijama, como este pantaloncito gris que empecé llevándolo para la playa y en dos días lo he llevado hasta con los políticos.

3.- Una camiseta de tirantes blanca, muy muy fina. Una camisita blanca de tirantes con un bordado. Otra camiseta, esta de batista, también blanca. Una negra.

4.- Un top gris tiza con bordados en blanco.

5.- Chaquetas: una blanca de algodón con un poquito de plumetí por delante y que cierra con cintas, una azul marino que es muy fina y muy rara, como muy suelta y al mismo tiempo como que acompaña. Una negra de algodón con manga tres cuartos.

6.- Una blusa sin mangas y sin botones , sólo uno por detrás. es un cuadro con un cerezo japonés y pajaritos, y la espalda toda negra y bastante transparente y como que se cruza en diagonal. Creo que tengo que poner la foto para que lo entienda alguien. Y creo que me la tengo que poner más.

7.- Un mono negro que me compré en Menorca hace un par de veranos, supercómodo y superfavorecedor, ( o eso me creo) . Escote generoso en V por delante y por la espalda, con taconazo voy a un sarao nocturno, con abarcas me pateo el mercao.

8.- Camisetas de rayas: una de manga corta, otra de manga larga, vale, otra de manga tres cuartos.

9.- Una gabardina color gabardina.

10.- Una perfecto negra.

11.- Una blusa como de seda finurria color nude, que también la compré siendo pijama.

12.- Un vestido de lino blanco muy gustoso de llevar de hace mil años y con vainica. Me lo compré en Kookaï aunque nadie lo diría.

13.- Un vestido color merda d’oca oro viejo.

Y hasta aquí. Ah! no cuentan ni los zapatos, gran temazo donde los haya. Ni la ropa interior, gran supertemazo donde los haya, ni la ropa de deporte, chicas, os aviso que para correr los leggins ya no se llevan, gracias. Mejor shorts. Ah! ni pijamas, que en mi caso los cuento porque los llevo por la vida real.

Conclusiones, y a la vista está,

Lo obvio; no hace falta acumular tanta ropa, ni gastar tanto dinero y energía en el shopping, hay que aprender a simplificar para mejorar tu vida, y todas esas paparruchas verdades como puños.

Soy ecoblogger a la fuerza, porque no tengo pasta para comprarme lo que me gusta, (ni ir de compras, qué suplicio ) pero tengo un puntito egoblogger. Un puntito sólo. Y soy un poquito bipolarmente feliz así.

Soy más que sosa; sooosaaaa, blanco, negro gris o nude. Pero dónde el amarillo, el naranja, el rosa, el rojo, el verde, dónde.

Que qué voy a hacer. Pues en otoño empezar cosas nuevas. Por lo pronto mañana voy a la pelu, y con ganas. Os mantendré informadas.

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Mami, no hables de mí en el blog.

Se puede decir más alto, puede. Mira que iba a poner un título llamativo: ‘Guía top ten de los accesorios más fashion. Número 1.- Tu bebé.’ Pero era muy heavy y muy engañoso, y yo con las mamás recientes bromeo pero en plan bien, con ellas, pero no de ellas. Que yo también he estado ahí, en las noches y diás sindormir, en las agoatdoras sesiones toboganescas, en eonversaciones parqueriles acerca de virus, cacas, y otros fluidos. En los inexplicables subidones de fiebre. Poca broma. No he querido que entraran mamis confiadas en curiosear si es el kaftán o la basket T-shirt la prenda it , o si la funda del Iphone tiene que ir a juego con las uñas ( que sí, que el smartphone es el accesorio que más te identifica y lo que fue antaño el bolso ahora es el iphone case). Eso, otro día.

Ya no tengo bebés, y no se si mi foto de perfil sería mi bebé, o yo con él. Y si inundaría las redes sociales con las monerías del bebé.  No lo sé. Creo que no. Pero no estoy nada segura. El bebé comienza como parte física literal de nosotras, lo parimos y entonces es una extensión de nuestro yo, y vivimos en un planeta diferente, el centro de nuestras vidas se transfiere y pasa a ser él. Crecer sigifica ir soltando por nuestra parte, entender que es otra persona diferente a nosotras, y esto es un proceso que se hace pasito a pasito. El chorreo de oxitocinas y el instinto maternal tampoco ayuda a la objetividad. Es lo que más queremos en el mundo, lo que más hemos querido, y ese sentimiento amoroso nos desborda, nos envuelve, nos acoge. Es la experiencia más grande que hemos vivido, y a veces hasta dudamos de tener otro hijo porque no sabemos si lo querríamos igual, igual de tanto. Pues sí. La respuesta es que cada hijo es diferente, cada amor es diferente, pero con el segundo bebé no repartes tu amor, no tienes que dividir la cantidad de amor, sucede que el amor se multiplica, y no me preguntéis cómo que soy de letras.

Así que es normal que las madres estemos que se nos cae la baba con nuestros retoños y los luzcamos con orgullo, cómo no. Y hablemos de las trastadas y de sus cosas. Entonces crecen y cuando tienen dos años seguimos hablando con total desparpajo de sus cacas y mocos, y si en el parque comparten el chupa-chups con un amiguito hacemos una foto para subirla en Instagram, son tan monos…

Y siguen creciendo y ahora la niña tiene 14 y bueno, sus cacas no me interesan ni a mí. Y si la veo en el parque compartiendo el chupa-chups con un amiguito, ¡la que se queda con cara de foto soy yo!.

Yo a mis hijas me las tomo muy en serio. Me río mucho con ellas, y es una de las cosas que más disfruto, el sentido del humor ‘familiar’. Esos chistes privados que cada familia tiene. Esas miradas cómplices. Esa telepatía. Quiero lo mejor para ellas. Quiero respeto. Quiero dignidad. Y para todas las hijas y los hijos del mundo. Quiero que tengan paz siendo quienes son.

Y aquí estoy, pisando suavemente, pues piso sobre sus sueños- ¿de quién es este poema?-

Soy su madre, no su dueña. Ellas son dos personas, con su mundo, sus sueños, su intimidad. Solo,’solo,’ estoy aquí para acompañarlas, para intentar que no tropiecen en esa piedra- lo harán en otra- para consolarlas entonces. Para empujarlas a vivir su propia vida. Pero durante este camino que vamos inventando sobre la marcha, yo también me divierto y crezco como persona. Ellas no lo saben, pero yo no era yo antes de ellas…

Como ya me he puesto moñas que no veassentimental, os cuento que cuando fui a un encuentro de madres blogueras en Madrid -como si hubiera ido a muchos- me tropecé en el aeropuerto con una madre bloguera y eran justito las 7 de la mañana y coincidió que nuestros bocatas eran idénticos, mucho vegetal, jamón y pan de cereales, y nos dimos cuenta porque desenvolvimos el bocata sincronizadamente. Y yo, que soy muy peligrosatímida, al ver que nos sonreíamos como dos pavas le dije que le admiraba mucho que si iba al enceuntro de madres blogueras. Y era madre y era bloguera, y era la madre Teresa Forcades. Cosas que me pasan. Ah! esta historieta venía a cuento no de mi peligrosidadtimidez, si no de que si esta anéctoda vulnera la intimidad de Teresa Forcades. ¿Que no somos vegetarianas del todo? chica, nadie es perfecto. Y no sabes el día que teníamos por delante, yo al menos. Me sonrío por dentro ahora.

No, no hablaré de mis hijas como si fueran dos bebés, porque ya no lo son, y siempre que lo haga será pensando en que si lo leen algún día sientan que su madre puede que no tenga todas las respuestas, pero ¡las quiere con todo su corazón!

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¿Que las madres estamos un poco locas? Sí, ¡y qué!pero locura de la buena, de la que te hace hacer cosas que no hubieras imaginado jamás. Y la lista, larga, la sabes muy bien, tú, mamá.

Yo tengo una granja en África…

giraffe-manor2¿ O es una escuela? bueno, qué más da. Así de literariamente me lo tomo, en plan Karen Blixen tomando té en porcelana de Limoges,  contemplando la sabana keniana ella, el mediterráneo yo. Ayer fue la jornada solidaria en el cole de las niñas. Inciso: si creéis que conforme crecen las criaturas se simplifica la agenda familiar pues no guapas. Cada uno tira para su lado y si quieres hacer algo todos juntos en plan plan familiar y que guste a todos y que reine la paz y la armonía y que el caos no se apodere del mando y las cervicales no te amarguen el finde necesitas un máster de creatividad y comunicación, ese al cual te inscribiste el día que nació el churumbel primero. Sólo tengo dos hijas y un perro. El hombre Tranquilo que tiene la lección aprendidísima y dice amén a la propuesta y a dónde vamos, no tiene gorra de plato pero es un chófer de lo más pro. Camisa limpia y poniendo buena cara, es un sol. Últimamente la perra está pachucha tel tipo ‘ hoy no me puedo levantar’ y no es resaca. Pues nada, que la llevo en brazos hasta la calle. 28 kilos de mejoramiga, amortizando el gimnasio que por la operación bikini no es, qué va, salta a la vista, no soy tan superficial .

Nos plantamos en el domingo más solidario en la vida de S. El Hombre Tranquilo está tranquilamente reunido en London, V. tiene partido tras partido. Me pide si la puedo llevar al campo. – Vas corriendo, así vas calentando. Cuela. Bien. Espero que vuelva sola porque no tengo coche. Puntualizando, no tengo Las Llaves del coche. Bueno, esa es otra historia, no alarmarse, ya aparecerán.

A mi me toca estar en el taller solidario de trencitas de colores, y están todas las niñas del mundo entre 4 a 10 años en fila. Todo controlado. Me lo he empollado de un tutorial molongo en You Tube. Yo todo lo arreglo con tutoriales, desde desatascar el filtro de la lavadora, cortarte la melena a capas tu misma o hacer la declaración de la renta. Una maravilla, oye. Lo de las trencitas lo he practicado con la American Girl que teniendo pelo de verdad- o al menos a mí me lo parece- no se queja de los tirones.

S. se arregla sola coge un bolsito naranja y se engancha a sus amigas ya desde la puerta.

La veo con una fanta en la mano – ¿Quién te ha comprado los tickets?

– Yo.. he traído mi dinero.

– Ah! muy bien..¡Qué emoción me embarga! ¡Mi niña, qué mayor, qué solidaria, qué independiente, qué todo! Yo sigo a lo mío, qué melenazas tienen estas niñas, por Dios, ¡con la American Girl era mucho más rápido!. Ahora veo pasar a S. con ganchitos, luego en la cola de las trencitas y más tarde haciendo un punto de libro. Al final de la mañana mi psicomotricidad fina está a nivel encaje de bolillos a ojos cerraos.

Hoy es lunes y camino del cole nos encontramos con Carmen, la organizadora de la jornada solidaria, que nos saluda cariñosa como siempre. ¿O más cariñosa hoy? Aprovecho para felicitar a S. que se portó tan bien ( y tan sin darme la lata) -Sí – me dice- y hasta me ha sobrado un ticket.

– Ah, ¿sí? ahora me vienen a la mente la fanta los ganchitos etc- ¿ Cuánto dinero te has gastado?

– 120 euros…lo que llevaba en mi bolso…

-¡Quééé! ¡la madre que la parió! me veo incapaz de asumir los riesgos de su ‘hacerse mayor’.

– ya sé que es mucho dinero, pero es solidario, mami, para que los niños de África también vayan al cole. (Con lo felices que están así, ¿ he dicho yo esto? ah! no, sólo lo he pensado)

Ya estoy viendo la foto de la inauguración de la escuela, una plaquita en la puerta con el nombre de mi hija.

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Salir del armario…de la cocina.

Después de la salida en tromba del armario de los niños, que no es oro todo lo que reluce la maternity, que si las ojeras, las noches sin dormir, el cansancio infinito, que si ahora resulta que como somos más independientes que Macedonia estamos más solas que la una con un ente llorón que nos boicotea sistemáticamente los planes hasta los de tomar un café con una amiga. ¿ Y esto sólo es el principio? No digamos mantener a un nivel digamos aceptable la casa, el trabajo, el qué?Ahhhh!. No comment. Nos hacemos expertas en logística a base de prueba y error, muchos errores sobre todo. De repente las madres también nos hartamos de los niños y algunas lo decimos, las entregadas y las entregadísimas, que hay momentos de subidón y otros de bajadón. Y que no soñamos con volver del despacho con aire acondicionado a las ocho de la tarde, que nos reciban con un besito, un abrazo, el bebé esté recién bañadito y perfumado, la cena a punto, oh,  que falta una horita para cenar, pues aprovecho y voy a correr.. pa qué.

And so on… Malasmadres todas. Quién no se ha olvidado un día de la cita con el pediatra, o de meter el bañador el día de piscina, o el bocata en la mochila y lo ves allí, solito encima de la mesa de la cocina a la hora del patio y estás por salir corriendo como loca y tirarlo verja a través…

Lo que mola ahora es la salida del armario de la cocina. No se quién ha sido la primera, pero veo que se está extendiendo peligrosamente la moda de confesar sin tapujos que no tenemos ni idea de freir un huevo aunque sigamos los blogs más molones de cocina, que las fotos son chulísimas!

La mía es una historia cortita. Básicamente no me dió la gana aprender a cocinar de mi madre que es una excelente cocinera. Ay! como expatriada además tengo idealizados hasta los platos más sencillos, que los disfruto de uvas a peras esas borrajas, esas migas… me hacen saltar la lagrimillasólo de pensarlo…El argumento era que si mis hermanos pasaban de cocinar, yo también . Muy bien muy bien.Y ahora qué.

Cuando me las tuve que apañar por mi cuenta sobreviví a base de bocatas, ensaladas, soy la reina de las ensaladas, y algunos precocinados tuneados en los peores días, cuado ni la aprensión ni la cordura pueden con los rugidos de la barriga.

Cuando nació mi hija una suerte que no me merezco se me apareció en forma de niñera- entonces la conciliación era dejar el bebé de cuatro meses en horario bastante incompatible e infernal en brazos de quien fuera -que sabía cocinar ma-ra-vi-llo-sa-men-te. Dos años estuve a base de las sobras de la niña. Comida casera, sana, equilibrada…sí, añoro esos tiempos…

Después nos expatriamos y me vine con mi libro de cabecera pormuchos años: 1.080 recetas de cocina de Simone Ortega. Que aún lo tengo, amigas, en edición de bolsillo y con algunas hojas que faltan y otras fuera de sitio. Esto para hacer el arroz blanco, que fue la base de la alimentación familiar durante meses, con tomate frito Solís (ahora el recuerdo dulzón con sabor a lata no me produce ternura, me da bastante miedito ; a saber los acidulantes, emolientes y restos de aditivos varios que han campao a sus anchas por mi body). Con el tiempo y los sabios consejos de mi madre:- Bahh! tranquila, si yo hasta los 14 años de casada no aprendí a cocinar… y que el Hombre Tranquilo se ha criado en Valencia y eso se tiene que demostrar cada domingo con una paella, digo yo, vamos tirando.

Y en este punto estamos, no por gusto ni talento, sino porque la mayor llega un día del cole con que si los alimentos, los nutrientes , las vitaminas, proteínas y cía ,y sólo hay una manera de salir, y es huida hacia adelante. Porque sí o sí te recuerda que hay que comer pescado tres veces a la semana, verdura idem, fruta cada día, y tooodo el repertorio que nos sabemos de memoria pero que a veces nos olvidamos de practicar.

Punto sufrimiento medio, el maternal normal,vaya, ese del tipo constante imperceptible por los demás pero que nos tiene en un eterno: ¿ lo estaré haciendo bien? cuya respuesta es – No, (o sea, lo estás haciendo lo mejor que puedes etc.)

¿Que qué voy a hacer? mirad, con la mayor cometí el error, entre otros, de arrastrarla de cuentacuentos en espectáculo teatral, talleres de creatividad, laboratorios de arte, escuelas de música, prácticamente todas las salidas que hacíamos eran del tipo culturetas. Para qué, si de eso no se come. ¡Literalmente! la cultura no da de comer, no nos engañemos.

Ahora, que con la pequeña ya he aprendido. Desde la guardería que empezó haciendo mermeladas, ha pasado por  cuanto taller de cupcake, muffin, o pop-cake se ha presente, ahí ha ido mi niña.

Por el momento he conseguido desayunar crêpes los domingos.
Ja!

natalie