5 cosas que he aprendido en 2013

 

5 cosas cada día de 2013 podía haber puesto, porque vaya año hemos tenido. Me subí al dragón kahn a principios de año y ha sido vuelta tras vuelta. De subidón a los cielos a cerrar los ojos por no ver la leche que me iba a pegar de bajada, que han sido unas pocas y aquí estamos, no nos quejemos.

Como siempre sin criterio alguno, cinco de las mil cosas que he aprendido. S dice que – (estoy pensando en voz alta mientras paseamos a Bilú) he aprendido a hacer las mejores croquetas del mundo.

Y el mundo se ha parado en este instante. Dejo caer la correa y le arreo un arrechucho a S que no la asfixio de poco. Ya mi vida tiene sentido, sin ironía. Con temas gastro poca broma.

Mamá, no es verdad. Las tuyas son mucho mejores.

Etsy

1.- Mejor hecho que perfecto. Aprendido si no recuerdo mal de Marketing de guerrilla. Soy indocumentada irremediable, y leo bastante y a veces me acuerdo dónde, a veces. La cosa. Que el perfeccionismo y la reflexión nos pueden paralizar y esperamos, por ejemplo con el blog, a saber escribir, no digo bien sino a saber escribir y que llegue, que no tengo otro objetivo, y que llegue no a todo el mundo, que llegue a quien le llegue. Ya me entendéis. Y a tener un diseño bonito, y a publicar cada semana. Bla, bla, bla, pues si espero a que todo esté perfecto no haría nada. Hay miles de ejemplos. De cosas que queremos hacer y no hacemos porque no son perfectas y a lo mejor sería maravillosas o serían, sin más y eso, que mejor hacer que no hacer. Aprendido en teoría y práctica.

2.-  Perder la vergüenza es vergonzosoHe pasado por la vergüenza de saludar a personas a las que admiro mucho, sin desmayarme ni nada, de escribir mails  más directos, sinceros, y afectuosos que nunca,  y recibir los mails más directos, sinceros, afectuosos y generosos que nunca. He hecho un especie de Striptease en un grupo amateur de teatro- ya si eso en otro post los detalles. He hablado en público y ¡lo he disfrutado! y me he puesto roja y he creído morir y me ha molado bastante. Soy tímida, y qué. A veces , si la cosa vale la pena, hago el esfuerzo y me desetiqueto de tímida. 

3.- Ganarse el pan cuestaPero mucho. Trabajar es  duro y hay que currar. Vaya cosa, sí, ya . Me refiero a sentir la relatividad del tiempo dinerilmente hablando. Lo que cuesta que entre y lo rápido que sale. Une merde.

4.- Por las buenas mejor que por las malas. Y esto no va con las niñas que ya lo sabía desde toda la vida. Va del curro. Resulta que el látigo no me va, y curro más y más a gusto si hay buen rollo. ¿Elemental? no tanto, también he aprendido que  hay quien solo arranca si pegas un zapatazo en la mesa. Y otra cosa muy importante que me tiene obsesionada;  no sale igual por las buenas que por las malas. No, no sale igual.  Y hablo de intención, de voluntad, de querer hacerlo, de ponerle cariño, eso de hacerlo porque quieres hacerlo. Y sea correr, cantar, hacer croquetas, redactar un informe, lo que sea.

5.- No soy tan importante. Que los demás bastante tienen con los suyo para preocuparse por mis chorradas. Que no me juzgan ni me dejan de juzgar, así que no vale de nada agobiarse pensando qué pensarán. Ademas ¿Alguien quiere ser amigo de todo el mundo? la respuesta rápida puede que sea, pues claro. Pues piensa dos segundos ¿de verdad quieres que esa sea amiga tuya? ¿de verdad quieres que ese sea tu amigo? yo, a lo mío.

y vosotras, ¿tenéis la sensación de haber aprendido algo este año?

La pulserita de la foto es de Etsy

y la receta de las mejores croquetas del mundo en Webbos fritos, ¡dónde si no!

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Viaje a Suecia: sin noticias de V.

Se trata de un  viaje de intercambio con la clase. Se ha ido de milagro y porque a su madre ya nada se le pone por delante -ni un un mosso d’escuadra mucho menos un farmacéutico- para conseguir sus objetivos. ¡Esa soy yo! El timing previsto era.

Miercoles 13.00h . T2 aeropuerto de El Prat. Si tenemos que pasar por el despacho a buscar a El Hombre Tranquilo cuenta que allí se nos van diez minutos entre que está hablando por teléfono o lo que sea que nos conocemos. O sea a media allí, o sea salir a las 12.20 de casa. ( sí, soy bastante cuadriculada en algunas cosas).

Yo llevaba dándole la murga con la maleta, conque se hiciera la maleta, desde el fin de semana. Para V. era una frikada organizarse con tanto tiempo. Eso sí, para arrastrarme de compras el domingo no tuvo inconveniente. Es más, batí todos los récords del mundo mundial y nos pasamos tres horas tres en un centro comercial un domingo por la mañana que ya os aviso, es aún peor que ir en sábado. Ella se compró una bufanda y un jersey porque una amiga le dijo que sí, que en Suecia hace frío, no porque yo se lo hubiera dicho veinte veces, noooo. Y calcetines gordos a mi insistencia. Yo que a partir de la media hora en un sitio de esos ya no sé quien soy  al final me compré un esmalte de uñas color café que me queda horroroso y un pack de cinco pares de calcetines que al ponérmelos veo que son pequeños y a S no le gustan. Daños colaterales.

La víspera del viaje le recuerdo que al menos vaya poniendo en un montón las cosas que se va a llevar. Uff, tiene entreno, no uno sino dos, y luego ducha con pelo que so 60 minutos ni uno menos. Empezamos como a las diez , en fin. V. empieza por lo imprescindible: el rimmel, las camisetas de tirantes(!) y un collar muy mono.. A mi pesar porque con quince años ya debería saber hacerse una maleta decido tomar cartas en el asunto, y le localizo las camisetas térmicas, un par de jerséis gordos, los guantes que los mira como si fueran los guantes para el horno.

El miércoles no madruga, ¡para qué! a las diez se pone en pie , desayuna y whatsappea, el orden es inverso obviamente. Tenemos que pesar las maletas, una de 15 kilos y la de cabina no puede superar los diez. No tenemos báscula. V. decide ir a buscar una a casa de una amiga, vuelve a las once treinta. Lo único que ha heredado de mí es el espíritu zen. Empaquetamos las cosas. No sabemos hacer funcionar la báscula. Es tipo digital y aunque su amiga le ha dicho que hay que sacudirla no me atrevo a cargármela.

Pues vamos a la farmacia. No pasa nada, son las 12.h.  Ah! pero ahora resulta que en Estocolmo van a grabar un video de cosas suecas y V. hace de Björn Borg y que dónde están los calcetines blancos, unas zapatillas de tenis, los pantalones cortos y la raqueta. Y un polo blanco. Calculo las consecuencias de hacerle entrar en razón, de decirle que no hay  tiempo de ir al trastero a por una raqueta, decido que es mejor rebuscar un polo y que vaya en pantalón corto por Estocolmo bajo cero, mantener una conversación de opinión discordante con un adolescente es altamente desgastante. Y el viaje está pagado.

Ahora son las 12.20 pero todavía tenemos que pasar por la farmacia a pesar las maletas. Joderrrr. Cojo las llaves del coche y cuando voy a salir con una de las maletas me la veo sentada tranquilamente pintándose las uñas de color Pink Macaron, con los auriculares puestos. En este momento me doy cuenta que mi espíritu zen es de pacotilla.

Hiperventilo por lo bajinis, como no busca efecto crakelado precisamente V. sale en camiseta de tirantes toda divina yo con las maletas abrigo y etcétera. Casi me mato al tropezar con… ¿la bolsa de los calcetines gordos? ¡Venga ya! no me falta nada para largarla con un par de calcetines para una semana, los puestos. Pienso en la pobre familia, en que va a compartir habitación con la niña sueca. Abro la maleta, meto los calcetines.

A la mosso d’esquadra que me mira con cara de poca broma por derrapar de medio lao en carga y descarga a la puerta de la farmacia- y sin cinturones, yejei!  le devuelvo idéntica mirada. Y en la farmacia  que está a saco, nos miran rarísimo porque entramos con sendas maletas en brazos  y en animada conversación acerca de si el esmalte de uñas se considera líquido o sólido, es decir, si se puede subir al avión o no, resulta que se le ha estropeado una uña.

Paso de mirar el reloj , valoro la posibilidad de que me caiga mi primera multa por exceso de velocidad por la autopista. Siempre hay una primera vez para todo, ¿no?.

Al final llegamos. Yo con la boca seca. V sin despeinarse un pelo. Nos despedimos, le digo que se lo pase bien, que si no llama no pasa nada, que ‘no news, good news’ y todo eso.

Obedientísima estamos a día 5 y si es por ella, no nos enteramos de nada. Bueno, sí, cuando llegó nos mandó una foto de su cuarto, nos dijo que la casa es muy grande y muy chula,  los padres muy majos.

Acabo de recibir un whatsapp de V. Le llamo a Fernando para saber si está al corriente. Que no. Vale. O sea que me toca a mí decírselo. Por dónde empiezo. Qué le digo primero, que se ha teñido el pelo de rosa, o que el hermano de su sueca tiene 17 años y es muy simpático.

Le digo que de vuelta a casa se pase por la farmacia, que tienen una raqueta nuestra.

 

pink hair