Vengo a decir adiós

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Es raro, porque yo soy más bien de despedirme a la francesa, sobre todo en las fiestukis cuando estoy harta o aburrida y no quiero incomodar al anfitrión que quiere seguir emborrachándose tranquilamente y no teniendo que convencerme de que “venga va, la última”.

Y sin embargo me sale decir adiós, aunque solo tenga sentido para mí.

No sé explicar bien con palabras quién soy o lo que quiero, pero lo voy intuyendo. Soy otra. Soy otra.  No quiero hacer recuento ni nada parecido. Las cosas van pasando y ya está. No tengo nada que decir por aquí, no le veo el sentido.

Me está doliendo un montón el cambio. Es como si mudara de piel. Y como es habitual en mi, va y lo somatizo a la perfección. Desde el día 5 que se fue Ehyeiba y “baje la guardia” y hasta ayer, he tenido los dolores que no he tenido en la vida. Yo. Yo. Que nunca me duele nada. Ja.

Todos y cada uno de mis huesos músculos se han dolido, todo juntos y todos los días. He querido llorar y no he tenido lágrimas. Igual soy de piedra.

Hasta ayer también tenía dudas sobre si volvería. Ha habido momentos de desierto y bolas de esas de las pelis del oeste.  O de una viejecita caminando cruzando muy lentamente y una bolsa de plástico que baila con el viento.  ¿Era yo ?

Volveré. Igual hasta tengo que deciros “Eh! que sí, que soy yo!”, porque tan segura estoy de que volveré como de que seré otra. Soy otra, ¿ lo había dicho ya?

Y no, qué va, no soy de piedra. Por fuera parezco de nube de chuche que es uno de mis disfraces de ir por casa, que me funciona bastante bien. Y yo pensaba que debajo era de piedra. Y resulta que no es piedra, soy un terrón de azúcar, más bien. lo sé porque han caído cuatro gotas y me he derretido.

Este verano ha estado lleno de lecciones en forma de h*stias, como todas las lecciones. No todas las he aprendido y volveré a repetir algunos errores.

Lo que me ha quedado claro es que soy más fuerte de lo que creo, mucho menos de lo que me gustaría. Que soy valiente (depende de cómo se mire), que no tengo miedo.

Que tengo muchas ganas de cosas buenas.

Que confío, y que estoy a salvo. Es mucho, ¿no?

Adiós, Bilú, mi patilarga.

Mejores amigas
                       Mejores amigas

Bilú se ha largado a la francesa, así como es ella, sin pedir permiso y sin molestar a nadie, sin aspavientos ni moñadas. Igual que vino a casa. Igual que nos eligió hace ya .. uff! cinco años, cinco meses y cinco días exactamente.

Violeta cree que la eligió ella, de entre todos los perros adorables de la fiesta de protectoras, se tuvo que flechear con el perro más raro que había visto yo, todo patas y orejas y flacucho, radiografías con perdigones y alguna que otra cosilla más, pero con esos ojos color miel y esa cara de no haber roto un plato en su vida.

Los cinco años más felices de mi vida, claro que es casualidad. Claro que no tiene nada que ver que haya sido mi compañera de miles de siestas de invierno compartiendo el mismo rayo de sol, yo en el sofá y ella en su camita. Miles de paseos. Miles de todo.

No me pidas serenidad, hoy no, pídeme que me arranque un brazo, que me arranque los ojos. Total, algo por dentro se me ha roto, respiro a duras penas.     ¿Será el pulmón?

No sabía que este silencio asqueroso iba a hacerme desear con todo mi fuerza que me estallen los oídos.

A partir de mañana la recordaremos elegantísima con ese perfil de dios egipcio. Nos reiremos contando las veces que nos hemos ido a pasear con ella sin ella, correa en mano, pensando en nuestras cosas y ella quedándose en casa. O en la calle, volver a casa y cerrarle la puerta en las narices y no enterarnos hasta que algún vecino nos avisa.

Me acuerdo de la fiesta de Sabina de Rock Girls, un cumple de sieteañeras a todo meter. Fer se llevó a Bilú que no entendía nada de aquel desparrame de niñas desatadas y achuchonas, Bilú que no ha sido nada cariñosa de dar besos. Llovía y en el parque la perra dio media vuelta y vino a casa, no sabemos cuánto rato estuvo en la calle, bajo la lluvia, hasta que una vecina me avisó de que había perdido a mi perro, que estaba en la puerta. Y yo le dije que si la perra estaba en la puerta, al que había perdido era a mi marido, que habían salido los dos juntos de casa.

Bilú y sus andares de top model patilarga, ultimamente de top model a la salida de una fiesta loquísima, su pata chula más rebelde que nunca.

Bilú dejándose pintar las uñas passion red. Dando catorce vueltas hasta encontrar su postura en la cama.

Poniéndose a dos centímetros de las visitas “a ver si este novato me da algo rico de comer”.

Haciéndose la loca por las mañanas de invierno, mediotapándose la cara con la pata, en plan “noooo, quita, quita, yo no salgo ahora, con lo bien que se está en casita”.

Quedándose  más inmóvil que el perro de Joey de Friends en el veterinario como sistema de defensa.

Asustándose muchísimo en el barco a Menorca y las niñas escondiéndola en el camarote, una maniobra que ya teníamos estudiadísima. Una mareando a la azafata con  el horario de las pelis y la otra la pasando por detrás. Para estar luego en el camarote como en la peli de los hermanos Marx, con la perra ocupando todo el espacio libre y nosotros trepando por las literas.

Yo cogiéndola en brazos para subirla y bajarla por las escaleras mecánicas, que me he puesto cachas en el gimnasio para pasear sus 27 klilos en brazos cuando ha hecho falta.

En la Piñana confundiendo una piscina con un charco grande, ¡es que era de campo! y Violeta tirándose al rescate.

Haciendo guardia en las cenas pegada a Sabina, quién le iba a guardar si no las pieles de la merluza y quién le iba a pasar a malescondidas las acelgas y el jamón.

No conseguí que llevara el abrigo negro que le compré, pensando que con lo delgadísima que estaba tendrá frío. le daba pánico y se quedaba clavada.

No conseguimos que jugara, que corriera detrás de una pelota como los otros perros. Ni que me diera besos con lengua. Qué más da.

A partir de mañana hablaremos de ella, de cómo corría en el monte, que solo veíamos la cola blanca como una pluma. Luego la perdíamos de vista un rato, y luego siempre volvía. Y sonreiremos con eso. Y eso me bastará aunque ahora no  entienda nada.

Yo sé que era feliz.

Un finde imborrable; 4 cosas que he aprendido.

El finde ha estado tan completo que se tragó al lunes y espérate, que ha dejado huella. Hemos hecho de casi todo lo que se puede hacer con una niña de 12 que ya no quiere planes de pequeña y a la que le gusta hacer cosas.

Que ya es mayor y se ofrece sola a recoger y limpiar después de la batalla pintar su habitación. De chorrocientas, las 4 primeras lecciones:

1.- No sé dónde están mis límites. Pintar con rodillo una pared está fuera. No diré más. Sí, los pintores cobran poco.

2.- El quitaesmaltes no quita la pintura. Mis uñas ahora son algunas rothkos otras pollocks en miniaturas.

3.- La belleza está en los ojos del que mira. ¡Qué gran verdad! Sabina está absolutamente fascinada y feliz con su nueva habitación rosa candy. Yo no paro de repetirme  el mantra: ” menos es más” , pero aplicarlo ya será en otra vida.

4.- Tengo más energía de la que pensaba, -menos de la que quisiera- un no parar de arrastrar armarios y cómodas de cuarto en cuarto lo demuestra. Bíceps, para qué os quiero.

Estamos comiendo cuando aparece el presidente de la comunidad. Que si sé algo de una huella de mano rosa en la pared del garaje, al lado del grifo. ¿Y un reguero de pintura atravesando jardín, dices?

Pues no sé nada, no. Pero a mí el rosa me encanta.

Nunca Sabina había mirado tan fijamente unas judías verdes.

Soy actriz por un día. Pero eso es lo de menos.

Si tuviera pasta, le compraría unos pendientes de brillantes, pienso ahí parada, junto a la máquina de bebidas de una gasolinera de Badalona.  No tiene agujeros en las orejas. Pues un anillo, yo qué sé, una joya de verdad.

-“Silenci”… “Motor”…¡Acció! Sabina me mira, mira la máquina y señala un minibrazo de gitano de Elgorriaga con bastante pinta de grasas trans así a ojo, un paquete de mini oreos, y finalmente detiene su dedo frente a las galletas de “nata”. Compruebo el número, tecleo A35 , hago como que introduzco una moneda. Sabina se agacha contenta y saca un Aquarius, me mira sonrientísima y me dice gracias. Le devuelvo la sonrisa, nos giramos y nos marchamos.

Esta escena la hemos repetido cinco veces. Cinco más el ensayo. Esta escena nunca hubiera sucedido si ayer por la noche no me hubiera dado por mirar el whatsapp, si es que… y eso que eran más de las diez y media que para mi huso horario es como las doce de alguien normal.

De Ita: “Perdona que te contacte tan tarde, ha sido un día de locos””Mañana a las 9 en la gasolinera de Alfonso XIII en Badalona”” indicaciones de vestuario: nada de blanco, nada de negro, ni colores chillones, ni marcas, ni pantalones pitillo. La acción transcurre en 2007 Ah, nada de mquillaje. Traer varías mudas, rodaremos cuatro días”. Dios, lo estoy leyendo en voz alta y poniéndome malísima.

¿Badalona? eso está pero lejísimos de mi zona de confort, ¿no? ¿Ni blanco ni negro ni qué? WTF! Tengo dos abrigos negros, uno blanco y solo pantalones pitillo. ¿Sin maquillar? Ni a mercadona voy sin pintarme los morros.

Todo esto lo digo para mis adentros claro, porque las niñas están emocionadas -“contéstale ya, dí que sí, que ok ,pero ya, va, mami”. Y le digo que sí, que vale. En plan Richard Branson, di que sí y luego ya apagarás fuegos solventarás los problemas.

Así que estresadísima me veo a las once de la noche buscando en el cuarto de la plancha que es donde están los armarios con más fondo de la casa, ya me entendéis, y que no tiene luz porque una es artista multidisciplinar pero después de cambiar la bombilla y que siga sin funcionar ahí me he bloqueado. Linterna en mano buceo y saco lo que puedo, unos vaqueros un par de tallas más grandes, una parka caqui exactamente de 2006, que la guardo por motivos sentimentales y porque me costó un congo, un jersey marrón, otro gris. A Sabina la apaño con un abrigo heredado de su prima Paula, también de la época, un jersey gris de Violeta y ya. Preparo una bolsa con cuatro cosas más y me meto en la cama.

No pego ojo. Me cago en las redes sociales en general y en mi multiapasionamiento en particular.

Hace un par de semanas o así que vi en facebook a Silvia Pérez Cruz que estaba haciendo una peli, “Cerca de casa” . Soy una enamorada de Silvia desde Las Migas, tiene una manera de cantar que te toca el alma. Id a verla y ya me diréis. Cerca de tu casa la produce Loris Omedes que es el de Balseros y Lalia y Bucarest entre otras. El prota es Lluís Homar y la peli es un musical con el tema deshaucios. Interesante, ¿no?

Yo estaba emocionada perdida. Para financiar el proyecto, o sea la peli, lo hacen entre otros medios a través de goteo. Puedes aportar desde 10 € hasta lo que quieras, y como recompensa obtienes entradas, invitaciones para la premiere, un concierto privado de Silvia Pérez Cruz para doce personas,(aquí va un suspiro, ay…) ese en concreto son mil euretes. Pero también se puede colaborar de otras formas, como traductor para la peli o figurante. Y ahí que se me encendió la lucecita. ¡A Sabina le encantaría! Está súper motivada con el tema teatro y actuar.

Mando un mail a figuración tan mal redactado que no se entiende si la que se ofrece para figurante es la niña de doce años o soy yo, así que contesto que la niña, pero que si les va bien una cuarentañera que me apunto. Vuelve a estar mal redactado, por lo que veo, lo que para mí era una broma con punto- y- coma- paréntésis incluido, es contestado con un -“genial!,  contamos con vosotras el viernes 6”.

La mañana ha pasado muy rápido: pruebas de vestuario, peluquería, maquillaje. Los camiones, los técnicos, la tabla de la plancha en mitad de la calle, líos de cables. Lo hemos disfrutado tanto, el ambiente era muy pro y a la vez nos hemos sentido muy acogidas. De hecho, solo estábamos nosotras como figurantes de Goteo y por eso hemos hecho una figuración especial, con actuación. Sí, Sí.

Ahora vuelvo al momento de rodar, junto a la máquina de bebidas, y veo a Sabina feliz, concentrada en su papel, haciendo de hija mía, y en ese momento he pensado lo de las joyas y lo he olvidado. He vivido con ella ese momento, sé que es un día que recordará siempre; cuando sea vieja y haya triunfado como actriz o no, eso es igual, se acordará de su madre que le acompañó en su primera película, en Lluís Homar que le miró un segundo de camino al set, en el bocata de tortilla tan bueno del catering.

Joyas que no son joyas.

Querido Rey Majo,

“¡Hola! Me llamo Sergio. Soy seropositivo (VIH), desde hace 18 años. Tengo una invalidez del 68% y cobro una pensión mínima.”

Así empieza la carta que tengo en las manos. Una carta que va dirigida a mí, que este año me he liado a ser “Rey Majo”.

En este momento hago una pausa, una pausa dramática por narices. Es una pausa obligada por el maldito nudo que se me ha hecho en la garganta y es que no me esperaba una carta así.

Yo me ofrecí a ser rey majo por lo de vivir unos reyes magos con más sentido. Los de Mi Aportación lo llaman entregar cariño y recuperar la ilusión de regalar con un sentido solidario. Ponen en contacto personas en situación digamos desfavorable con reyes majos que este año les harán llegar un regalo de su lista de deseos.

Lapequeña aprovecha este momento para preguntar que qué es seropositivo y y que si voy a llorar. Nunca sabes cuándo es un buen momento para explicar lo del sida, ¿verdad? Nunca pensé que sería leyendo una carta a los Reyes Magos, o majos.

Después la carta habla de la recuperación de sus problemas de salud, al menos lo suficiente para ser autónomo y retomar su vida. Lo de “retomar mi vida”,ay!  me llega al alma, touchée. En el párrafo siguiente me cuenta que gracias a unos amigos ha encontrado un piso de alquiler asequible “pero necesitaré todo tipo de cosas para la casa como menaje de cocina, cubiertos, ropa de cama”. La carta concluye ” si podéis proporcionarme algo de esto seré muy feliz”.

La carta es tan clara y ordenada que da gusto leerla. Como pasada a limpio, puede que alguien de la organización le haya ayudado. No sé. Más que gusto, dan ganas de salir corriendo a comprar platos y vasos y tazas de café, que es lo que hago. Elijo cada plato con más mimo que si fuera para mis hijas, que por una vez se ponen de acuerdo en los colores: gris y blanco.

Luego le escribo una tarjeta donde le agradezco su carta.

Dentro de nada, en el centro de día donde le están echando un cable, celebrarán una fiesta de navidad, y allí habrá un cariño envuelto en papel rojo con un lazo gigantesco dorado, (es navidad, ¿no?) para Sergio.

¿Qué me gustaría? Me gustaría que cuando comparta una cena con amigos en su nuevo piso, al poner la mesa diga algo como -“¿Sabes quién me regaló estos platos?”… y lo diga con una sonrisa, pequeña, pero de las que calientan el corazón, la misma que tengo yo ahora.

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El día en que perdí la voz, fui a la peluquería, cayó el diluvio universal, me dejé las llaves dentro y fui intérprete de un visionario en un recursi cinco estrellas antes del ensayo general. Un jueves como otro cualquiera.

Todo comenzó 48 horas exactamente, cuando me llamó Leonor desde Madrid para pedirme que acompañara como intérprete a un amigo suyo de Londres , que ella no podía y que tenía que ser alguien muy de confianza, que era un business meeting con el Barça, (¡el Barça!).

– “Leonor, estoy flipando”, fue mi respuesta,  que eso se puede interpretar como que sí, pero en principio era como que no, como que tu estás loca o qué. Además que Leonor, por favor, que era la primera vez que hablaba con ella por teléfono, y aquí se estaba confirmando mi teoría de que hay personas con las que no hace falta casi nada para sentir que compartes en mismo punto de locura estás hablando en el mismo idioma.

Como gracias a 20.000 diás en la tierra – inciso, no os la perdáis aunque no seáis fans de Nick Cave, hacedme caso- he descubierto lo que me pasa, que es que soy un poco artista  y no que esté como una cabra, pues le dije que sí, que vale. Más en concreto le dije que me gustaría hablar con su amigo primero, para ver si se sentía cómodo conmigo y con mi inglés, y yo con él.  A los dos minutos sonó mi móvil, y no sé qué le dije pero él quedo encantado, y yo seguía flipando; algunos países de los que hablaba ni los sé poner en el mapa. Y de fútbol, ¡no tengo ni idea! Pero yo estaba súper buenrollista y positiva y venga pasar por mi cerebro quotes de esas de salir de la zona de confort  y todo eso.

Al día siguiente le dediqué más a mi falta de estilismo y cómo arreglarlo que a empollarme la historia del Barça o el mapa mundi, que también. Mi vida social se resume bastante en  pasear al perro, a las niñas e ir al cine del pueblo. ¿Qué me pongo para una reunión informal en un recursi cinco estrellas con todo tíos? menos mal que tengo hermanas inestresables y con whatsapp y face. Al final fue la chaqueta de cuero, sí, nada de ñoñerías.

El día D  me desperté sin voz, cosa que no me había pasado en la vida, ¿sería de los nervios,? El farmacéutico me dijo que no, que me chutase própolis y miel, y agua con limón. De la farmacia a la pelu a desgreñarme un poco, no era cuestión de presentarme en el Princesa Sofía al natural. Me dejaron en plan Olivia Palermo ideal ideal, eso que yo soy más de Alexa Chung.  Y de la pelu a casa… ay! ese pelasso-con-todo-de-ondas-to-sepsi… había desaparecido y eso que llevaba paraguas. Pero la lluvia era de escándalo, cómo rebotaba en el suelo, ¡mis botas nuevas! Y trepar por el balcón cual rey mago para entrar en casa, tampoco ayuda, el paraguas es complicado ahí, amigas.

Lo mejor es que seguía con muy poquita voz, así que nada de gritar de desesperación, ni lágrimitas, para qué, si no se veían con tanto chorreo.

Después de comer y dejar instrucciones en casa como si me fuera a la guerra, de llaves, niñas dejadas, niñas recogidas de extraescolares, la cena hecha, en fin, lo de cada día de mi vida, salté al tren. Llegué puntual puntual al estilo british. Conocí al amigo de Leonor y Micliente a partir de ahora.

Micliente resultó ser encantador con un aire al millonetis  de Anie, con su abrigo negro y sus zapatos educadísimos. Una de esas personas inteligentes que hacen que pasen cosas y que todo lo que pase sea fácil. Como todo el asunto es confidencial – cómo son los del Barça- pues no digo quiénes éramos pero el título podía haber sido “blancanieves y los siete enanitos” sino fuera porque eran todos bastante tiarrones.

Lo pasé muy peliculeramente,  en una butaca azul principesca, pegada a Micliente y con mi moleskine negra en el regazo, como cuando ves en la tele un presidente y su intérprete al lado. Mil veces al ver esa escena en un telediario había pensado, “jo! si fuera yo… cómo me vengaría si me cayera mal”. O “cómo arreglaría el mundo interpretando a mi manera”  ¡Y ahora yo estaba ahí! Aproveché la ocasión y me divertí muchísimo…Total, dos horas donde aprendí un montón de lenguaje no verbal, de lo que se dice por debajo de las palabras. De business, y de fútbol…bastante poco, la verdad.

Así que si el próximo fichaje del Barça os parece un sin sentido sorprendente, ya sabéis a quién tenéis que darle las gracias. De la regañina por llegar tarde al ensayo general me libré echándole la culpa al Barça, cosa que por aquí cuela bastante.