Un finde imborrable; 4 cosas que he aprendido.

El finde ha estado tan completo que se tragó al lunes y espérate, que ha dejado huella. Hemos hecho de casi todo lo que se puede hacer con una niña de 12 que ya no quiere planes de pequeña y a la que le gusta hacer cosas.

Que ya es mayor y se ofrece sola a recoger y limpiar después de la batalla pintar su habitación. De chorrocientas, las 4 primeras lecciones:

1.- No sé dónde están mis límites. Pintar con rodillo una pared está fuera. No diré más. Sí, los pintores cobran poco.

2.- El quitaesmaltes no quita la pintura. Mis uñas ahora son algunas rothkos otras pollocks en miniaturas.

3.- La belleza está en los ojos del que mira. ¡Qué gran verdad! Sabina está absolutamente fascinada y feliz con su nueva habitación rosa candy. Yo no paro de repetirme  el mantra: ” menos es más” , pero aplicarlo ya será en otra vida.

4.- Tengo más energía de la que pensaba, -menos de la que quisiera- un no parar de arrastrar armarios y cómodas de cuarto en cuarto lo demuestra. Bíceps, para qué os quiero.

Estamos comiendo cuando aparece el presidente de la comunidad. Que si sé algo de una huella de mano rosa en la pared del garaje, al lado del grifo. ¿Y un reguero de pintura atravesando jardín, dices?

Pues no sé nada, no. Pero a mí el rosa me encanta.

Nunca Sabina había mirado tan fijamente unas judías verdes.

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Soy actriz por un día. Pero eso es lo de menos.

Si tuviera pasta, le compraría unos pendientes de brillantes, pienso ahí parada, junto a la máquina de bebidas de una gasolinera de Badalona.  No tiene agujeros en las orejas. Pues un anillo, yo qué sé, una joya de verdad.

-“Silenci”… “Motor”…¡Acció! Sabina me mira, mira la máquina y señala un minibrazo de gitano de Elgorriaga con bastante pinta de grasas trans así a ojo, un paquete de mini oreos, y finalmente detiene su dedo frente a las galletas de “nata”. Compruebo el número, tecleo A35 , hago como que introduzco una moneda. Sabina se agacha contenta y saca un Aquarius, me mira sonrientísima y me dice gracias. Le devuelvo la sonrisa, nos giramos y nos marchamos.

Esta escena la hemos repetido cinco veces. Cinco más el ensayo. Esta escena nunca hubiera sucedido si ayer por la noche no me hubiera dado por mirar el whatsapp, si es que… y eso que eran más de las diez y media que para mi huso horario es como las doce de alguien normal.

De Ita: “Perdona que te contacte tan tarde, ha sido un día de locos””Mañana a las 9 en la gasolinera de Alfonso XIII en Badalona”” indicaciones de vestuario: nada de blanco, nada de negro, ni colores chillones, ni marcas, ni pantalones pitillo. La acción transcurre en 2007 Ah, nada de mquillaje. Traer varías mudas, rodaremos cuatro días”. Dios, lo estoy leyendo en voz alta y poniéndome malísima.

¿Badalona? eso está pero lejísimos de mi zona de confort, ¿no? ¿Ni blanco ni negro ni qué? WTF! Tengo dos abrigos negros, uno blanco y solo pantalones pitillo. ¿Sin maquillar? Ni a mercadona voy sin pintarme los morros.

Todo esto lo digo para mis adentros claro, porque las niñas están emocionadas -“contéstale ya, dí que sí, que ok ,pero ya, va, mami”. Y le digo que sí, que vale. En plan Richard Branson, di que sí y luego ya apagarás fuegos solventarás los problemas.

Así que estresadísima me veo a las once de la noche buscando en el cuarto de la plancha que es donde están los armarios con más fondo de la casa, ya me entendéis, y que no tiene luz porque una es artista multidisciplinar pero después de cambiar la bombilla y que siga sin funcionar ahí me he bloqueado. Linterna en mano buceo y saco lo que puedo, unos vaqueros un par de tallas más grandes, una parka caqui exactamente de 2006, que la guardo por motivos sentimentales y porque me costó un congo, un jersey marrón, otro gris. A Sabina la apaño con un abrigo heredado de su prima Paula, también de la época, un jersey gris de Violeta y ya. Preparo una bolsa con cuatro cosas más y me meto en la cama.

No pego ojo. Me cago en las redes sociales en general y en mi multiapasionamiento en particular.

Hace un par de semanas o así que vi en facebook a Silvia Pérez Cruz que estaba haciendo una peli, “Cerca de casa” . Soy una enamorada de Silvia desde Las Migas, tiene una manera de cantar que te toca el alma. Id a verla y ya me diréis. Cerca de tu casa la produce Loris Omedes que es el de Balseros y Lalia y Bucarest entre otras. El prota es Lluís Homar y la peli es un musical con el tema deshaucios. Interesante, ¿no?

Yo estaba emocionada perdida. Para financiar el proyecto, o sea la peli, lo hacen entre otros medios a través de goteo. Puedes aportar desde 10 € hasta lo que quieras, y como recompensa obtienes entradas, invitaciones para la premiere, un concierto privado de Silvia Pérez Cruz para doce personas,(aquí va un suspiro, ay…) ese en concreto son mil euretes. Pero también se puede colaborar de otras formas, como traductor para la peli o figurante. Y ahí que se me encendió la lucecita. ¡A Sabina le encantaría! Está súper motivada con el tema teatro y actuar.

Mando un mail a figuración tan mal redactado que no se entiende si la que se ofrece para figurante es la niña de doce años o soy yo, así que contesto que la niña, pero que si les va bien una cuarentañera que me apunto. Vuelve a estar mal redactado, por lo que veo, lo que para mí era una broma con punto- y- coma- paréntésis incluido, es contestado con un -“genial!,  contamos con vosotras el viernes 6”.

La mañana ha pasado muy rápido: pruebas de vestuario, peluquería, maquillaje. Los camiones, los técnicos, la tabla de la plancha en mitad de la calle, líos de cables. Lo hemos disfrutado tanto, el ambiente era muy pro y a la vez nos hemos sentido muy acogidas. De hecho, solo estábamos nosotras como figurantes de Goteo y por eso hemos hecho una figuración especial, con actuación. Sí, Sí.

Ahora vuelvo al momento de rodar, junto a la máquina de bebidas, y veo a Sabina feliz, concentrada en su papel, haciendo de hija mía, y en ese momento he pensado lo de las joyas y lo he olvidado. He vivido con ella ese momento, sé que es un día que recordará siempre; cuando sea vieja y haya triunfado como actriz o no, eso es igual, se acordará de su madre que le acompañó en su primera película, en Lluís Homar que le miró un segundo de camino al set, en el bocata de tortilla tan bueno del catering.

Joyas que no son joyas.