Querido Rey Majo,

“¡Hola! Me llamo Sergio. Soy seropositivo (VIH), desde hace 18 años. Tengo una invalidez del 68% y cobro una pensión mínima.”

Así empieza la carta que tengo en las manos. Una carta que va dirigida a mí, que este año me he liado a ser “Rey Majo”.

En este momento hago una pausa, una pausa dramática por narices. Es una pausa obligada por el maldito nudo que se me ha hecho en la garganta y es que no me esperaba una carta así.

Yo me ofrecí a ser rey majo por lo de vivir unos reyes magos con más sentido. Los de Mi Aportación lo llaman entregar cariño y recuperar la ilusión de regalar con un sentido solidario. Ponen en contacto personas en situación digamos desfavorable con reyes majos que este año les harán llegar un regalo de su lista de deseos.

Lapequeña aprovecha este momento para preguntar que qué es seropositivo y y que si voy a llorar. Nunca sabes cuándo es un buen momento para explicar lo del sida, ¿verdad? Nunca pensé que sería leyendo una carta a los Reyes Magos, o majos.

Después la carta habla de la recuperación de sus problemas de salud, al menos lo suficiente para ser autónomo y retomar su vida. Lo de “retomar mi vida”,ay!  me llega al alma, touchée. En el párrafo siguiente me cuenta que gracias a unos amigos ha encontrado un piso de alquiler asequible “pero necesitaré todo tipo de cosas para la casa como menaje de cocina, cubiertos, ropa de cama”. La carta concluye ” si podéis proporcionarme algo de esto seré muy feliz”.

La carta es tan clara y ordenada que da gusto leerla. Como pasada a limpio, puede que alguien de la organización le haya ayudado. No sé. Más que gusto, dan ganas de salir corriendo a comprar platos y vasos y tazas de café, que es lo que hago. Elijo cada plato con más mimo que si fuera para mis hijas, que por una vez se ponen de acuerdo en los colores: gris y blanco.

Luego le escribo una tarjeta donde le agradezco su carta.

Dentro de nada, en el centro de día donde le están echando un cable, celebrarán una fiesta de navidad, y allí habrá un cariño envuelto en papel rojo con un lazo gigantesco dorado, (es navidad, ¿no?) para Sergio.

¿Qué me gustaría? Me gustaría que cuando comparta una cena con amigos en su nuevo piso, al poner la mesa diga algo como -“¿Sabes quién me regaló estos platos?”… y lo diga con una sonrisa, pequeña, pero de las que calientan el corazón, la misma que tengo yo ahora.

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El día en que perdí la voz, fui a la peluquería, cayó el diluvio universal, me dejé las llaves dentro y fui intérprete de un visionario en un recursi cinco estrellas antes del ensayo general. Un jueves como otro cualquiera.

Todo comenzó 48 horas exactamente, cuando me llamó Leonor desde Madrid para pedirme que acompañara como intérprete a un amigo suyo de Londres , que ella no podía y que tenía que ser alguien muy de confianza, que era un business meeting con el Barça, (¡el Barça!).

– “Leonor, estoy flipando”, fue mi respuesta,  que eso se puede interpretar como que sí, pero en principio era como que no, como que tu estás loca o qué. Además que Leonor, por favor, que era la primera vez que hablaba con ella por teléfono, y aquí se estaba confirmando mi teoría de que hay personas con las que no hace falta casi nada para sentir que compartes en mismo punto de locura estás hablando en el mismo idioma.

Como gracias a 20.000 diás en la tierra – inciso, no os la perdáis aunque no seáis fans de Nick Cave, hacedme caso- he descubierto lo que me pasa, que es que soy un poco artista  y no que esté como una cabra, pues le dije que sí, que vale. Más en concreto le dije que me gustaría hablar con su amigo primero, para ver si se sentía cómodo conmigo y con mi inglés, y yo con él.  A los dos minutos sonó mi móvil, y no sé qué le dije pero él quedo encantado, y yo seguía flipando; algunos países de los que hablaba ni los sé poner en el mapa. Y de fútbol, ¡no tengo ni idea! Pero yo estaba súper buenrollista y positiva y venga pasar por mi cerebro quotes de esas de salir de la zona de confort  y todo eso.

Al día siguiente le dediqué más a mi falta de estilismo y cómo arreglarlo que a empollarme la historia del Barça o el mapa mundi, que también. Mi vida social se resume bastante en  pasear al perro, a las niñas e ir al cine del pueblo. ¿Qué me pongo para una reunión informal en un recursi cinco estrellas con todo tíos? menos mal que tengo hermanas inestresables y con whatsapp y face. Al final fue la chaqueta de cuero, sí, nada de ñoñerías.

El día D  me desperté sin voz, cosa que no me había pasado en la vida, ¿sería de los nervios,? El farmacéutico me dijo que no, que me chutase própolis y miel, y agua con limón. De la farmacia a la pelu a desgreñarme un poco, no era cuestión de presentarme en el Princesa Sofía al natural. Me dejaron en plan Olivia Palermo ideal ideal, eso que yo soy más de Alexa Chung.  Y de la pelu a casa… ay! ese pelasso-con-todo-de-ondas-to-sepsi… había desaparecido y eso que llevaba paraguas. Pero la lluvia era de escándalo, cómo rebotaba en el suelo, ¡mis botas nuevas! Y trepar por el balcón cual rey mago para entrar en casa, tampoco ayuda, el paraguas es complicado ahí, amigas.

Lo mejor es que seguía con muy poquita voz, así que nada de gritar de desesperación, ni lágrimitas, para qué, si no se veían con tanto chorreo.

Después de comer y dejar instrucciones en casa como si me fuera a la guerra, de llaves, niñas dejadas, niñas recogidas de extraescolares, la cena hecha, en fin, lo de cada día de mi vida, salté al tren. Llegué puntual puntual al estilo british. Conocí al amigo de Leonor y Micliente a partir de ahora.

Micliente resultó ser encantador con un aire al millonetis  de Anie, con su abrigo negro y sus zapatos educadísimos. Una de esas personas inteligentes que hacen que pasen cosas y que todo lo que pase sea fácil. Como todo el asunto es confidencial – cómo son los del Barça- pues no digo quiénes éramos pero el título podía haber sido “blancanieves y los siete enanitos” sino fuera porque eran todos bastante tiarrones.

Lo pasé muy peliculeramente,  en una butaca azul principesca, pegada a Micliente y con mi moleskine negra en el regazo, como cuando ves en la tele un presidente y su intérprete al lado. Mil veces al ver esa escena en un telediario había pensado, “jo! si fuera yo… cómo me vengaría si me cayera mal”. O “cómo arreglaría el mundo interpretando a mi manera”  ¡Y ahora yo estaba ahí! Aproveché la ocasión y me divertí muchísimo…Total, dos horas donde aprendí un montón de lenguaje no verbal, de lo que se dice por debajo de las palabras. De business, y de fútbol…bastante poco, la verdad.

Así que si el próximo fichaje del Barça os parece un sin sentido sorprendente, ya sabéis a quién tenéis que darle las gracias. De la regañina por llegar tarde al ensayo general me libré echándole la culpa al Barça, cosa que por aquí cuela bastante.