Cita a ciegas, o peor imposible

Es mi primera cita con un cliente importante. Mi primera cita offline desde hace trillones de años, con ‘The Client’. Nos conocemos solo de la foto de perfil, yo estoy como a medias y él tiene una foto de la selectividad, o sea de ayer. Si no hay una segunda oportunidad para una primera impresión, quiero quedar bien. Mínimamente coherente con la idea que tiene de mi, a saber: Medianamente lista e inteligente, simpática,-jo, cómo engaño,- glamourosa- jo! cómo engaño. Tecno puesta- no lo repetiré más-. Como estoy en la categoría currante tipo creativa trespuntocérica pues no hace falta que nos vistamos formales. Quedamos en un sitio moderno, y que está de moda, que no es lo mismo pero en este caso sí,  en un restaurante muy cool en la playa, en plan informalguai. Me depilo hasta las ingles brasileñas y eso que voy con vaqueros. Eso son nervios mal gestionados, ¿no? Aún falta un rato y S está aburrida. ¿ Por qué no le enchufo a la tele? Más nervios mal gestionados.  Nos liamos ponemos a hacer una mascarilla para el pelo según la receta que pone en la revista Top Model. Como lo oyes. Las que no sepáis qué revista es esa, no tenéis niñas en en primaria, o vivís en un mundo paralelo – ya me pasáis la dirección si eso- Pues eso, que seguimos los consejos de una revista infantil como quién sigue a Seth Godin, a piesjuntillas.  Un par de mangos, zumo de limón, huevo y aceite, y  en media hora nuestro pelo lucirá suave, brillante y olerá como las playas del Caribe. Lo batimos todo y decido que al Caribe no vamos, huele increiblemente a …¿gambas?¿mayonesa?. Bueno, pues nos ponemos el mejunje y esperamos media hora, bastante tensas las dos, porque el pelo se va endureciendo con la anaranjada masa, y el olor a aperitivo de boda se instala definitivamente en nuestro cerebro. Entonces llama la canguro para decir que lo siente que tiene zumba. Hiperventilo pero poco que el tiempo se nos echa encima. Nos aclaramos rapidito -el pelo- y salimos pitando. Mi cliente no tiene niños- qué va a tener, si él es un niño- y ahora mismo me echaría a  llorar si no fuera porque mi rímmel no es waterproof. Paréntesis (¿ hay algo con peor destino que aparecer en una reunión de trabajo con una niña de la mano? si lo llevas en el maxicosi al menos se ven obligados a un ‘qué mono’, con cara de contemplar la iguana de Java.) Aparco y salimos, llegamos puntual, Uff! menos mal. Me atuso el cabello, joé, está duro como el barro cocido, he debido malaclararlo. Como soy la mar de resolutiva le digo a S, ‘vamos a pegarnos un duchazo’. S va de punta en blanco y me mira de hito en hito. Venga, quítate el vestido. La ducha de la playa está con gente que nos mira, no sé qué miran.- Que no llevo bañador debajo. – Que te lo quites. Va debajo del grifo con el vestido puesto, solo hace falta la cabeza. Se moja enterita. Luego voy yo, solo la cabeza. Ejem, casi, vale. Entramos en la terraza del restaurante, viene a nuestro encuentro el cliente moderno.

Por mi mente pasan el rímmel no waterproof, la camiseta mojada, una niña llorando a moco tendido colgando de mi mano , y ese olor a gambas frescas.

mother daughter rulos

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