Buscando mi voz

La sala de ensayos es espaciosa sin llegar a ser intimidatoria, o puede que sea esta iluminación,  favorecedora como la de los probadores de esas tiendas que ya sabemos, y mis dipotrías. El espejo gigantesco cubre toda la pared. No hay columnas, el suelo es negro como de plástico, las paredes que no tienen espejo, blancas y los zócalos, naranja. Es cerrarse la puerta y darme cuenta  de que no hay ventana. Eso no ayuda mucho. Y de una sirena roja que se ilumina cada vez que alguien llama al timbre de afuera. Es cerrarse la puerta y dar ¿ocho? pasos hasta mi silla, negra y reluciente, esta silla a la que me ha costado siete años llegar. Hay una teoría sesudísima de los ciclos de los siete años bla, bla.  Siete años cantando en el coro  en el que empecé taaan ilusionada y verde, y luego fui aprendiendo y sintiéndome guai y haciendo mejores amigas, y viajando y cantando y creciendo y riéndome muchísimo. Y el curso pasado, ah! el curso pasado. A final de curso me encontré en el punto de ” ya no tengo ilusión” Punto al que se llega no de pronto, es el resultado de amigas que se van, gente que viene con la que no conecto, conciertos que se supone son los más importantes hasta ahora y en los que lo pasó fatal. De estar demasiado cómoda. Si eso tiene sentido. Quizá sí, también sea la teoría de los siete años y yo no soy tampoco la misma. El caso es que aquí estoy , en esta sala de ensayos donde voy a cantar sin partitura, yo sola, una canción elegida por mí misma, de alguien muerto hace menos de doscientos años.  Jardineadora: la que se mete en jardines y luego ya veremos como salimos. Pero es algo que me sale de dentro y sé que tengo que hacerlo. Ahora es mi turno y me levanto, las luces son mucho más intensas de pronto y el espejo confirma que la cara me arde. La boca seca, el corazón destrozando a golpes mi pobre caja torácica. Conecto el iPhione a los altavoces – “¿Oís algo?, es que solo oigo mi corazón como loco…” los demás creen que es una broma para romper el hielo. Ja, ja. De pronto empiezan tres minutos y cuarenta siete segundos de Love of my live, y mi voz suena milagrosamente entera y dulce y como andando por una cuerda floja con los ojos cerrados. Los demás no me conocen y aguantan la respiración porque no saben que no me caeré. Cuando acabo, que acabo, no me siento especialmente orgullosa, me siento al principio de algo que ojalá sea. Luego hay más veces y vienen las correcciones, los ejercicios, mi cerebro regañándome porque es todo tan diferente y nuevo que creo que no voy a poder. (De camino a casa me siento traidora y feliz)

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No, no era una carta de amor.

En estos tiempos de mails y feisbooks y wassáps (lo escribo según los  modernos de prestigio aunque pienso para mis adentros que en mí queda patético, como si quisiera vestirme toda con la ropa de mi hija quinceañera- un escalofrío recorre mi espina dorsal-) abrir el buzón con su llavecita y encontrarse una carta resulta emocionante. Inciso obvio; y que no sea del banco . Cojo el sobre, blanco, de calité, ¿de quién será? Esta letra tan ordenada, boli azul, falta el acento…¿ será a propósito Belle, o sea bella en francés en lugar de Bellé? ya me estoy imaginando un admirador tirándome los tejos muy tontuscamente naifmente…

Abro y un grito mudo, si eso es posible, gritar mudamente. Como si no atreviera a salir de mi garganta. Se me hiela la sangre en las venas, me quedo sin respiración. Es de House, mi dentista. Horror. El malvado malévolo, antipático, excelente dentista, grosero House. Pero ¡qué malas artes! Cómo osa, cómo se atreve.  Prácticamente estaba pensando en un poema de amor flotando entre nubes de algodón y me viene con estas. Bueno es que no le haya contestado sus últimas llamadas, 4 ó 5 , ya no me acuerdo (Ups!), que se me haya pasado la última revisión. Pero esto, ¡esto!  Os transcribo una pequeña muestra, para que le tengáis tanto miedo como yo:

‘Nos ponemos en contacto con usted para recordarle que su última visita fue hace mil años’ (aquí pone la fecha exacta, maldita sea); ‘debido al tipo de rehabilitación oral que a usted’ (a la cara no me llama de usted, intenta intimidarme o qué) ‘se le realizó’ (cómo se le realizó, ¿no fue él y nadie más que él, el sádico? que lo diga si tiene guts,) ‘que consta de’ : y aquí viene un rollo larguísimo que viene a justificar la desorbitadísima factura que me dejó pelada pa los restos tuve que pagarle causante de que no quiera volver a verlo en cinco lustros por lo menos. Bueno, pues que debo someterme a controles cada seis meses, dice, y añade: ‘es necesario que tome usted conciencia de ello, ya que en estas revisiones podemos controlar su salud buco-dental general realizando una higiene minuciosa ‘,¿me está llamando guarra?, ¿a mí?¡a mí!, ahora viene lo bueno: ‘accediendo a los lugares donde usted en casa en casa con el cepillo no llega’ Ay majo, si te dijera dónde no llego en mi casa, además, ¿quiero que usted acceda a lugares donde yo no accedo? no estoy segura. Bueno, así dice ‘eliminaran placa bacteriana, responsable de la tan temida enfermedad bla, bla, bla, ‘ temores tengo otros prioritarios, ¿por qué me habla de temores, los argentinos aun dentistas y no psicólogos, ¿tienen que tocar la moral de sus pacientes?

Y ahora viene lo que viene siendo-Alguien me lo dijo- una amenaza con todas las letras, a ver a vosotros, ¿que os parece’ Si usted hace caso omiso de todo ello, no nos podremos responsabilizar en un futuro, de posibles problemas derivados de esta negligencia’ Otro escalofrío recorre mi cuerpo entero.

Punto número uno. Ah! pero, ¿es que pensaban responsabilizarse de mis posibles problemas? espera que me río.

Número dos ¿tan mal está el mundo del dentisteo también ? ¿pretende con esta amenaza que me entren ganas de ir?

La carta , de no-amor, de odio más bien, termina con un parrafito recordándome lo importante que es lo que me han explicado y que por ello, porque entienden que lo entiendo, esperan verme prontísmo por la consulta. Me saludan atentamente, sin más, etc.

Lo cierto es que la carta ha surtido efecto y entiendo que tengo que ir, urgentísimamente, al  dentista. Pero a este ni loca.

Por favor, no me escribáis cartas que den miedo, ya soy feliz con vuestros comments.

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