Viaje a Suecia: sin noticias de V.

Se trata de un  viaje de intercambio con la clase. Se ha ido de milagro y porque a su madre ya nada se le pone por delante -ni un un mosso d’escuadra mucho menos un farmacéutico- para conseguir sus objetivos. ¡Esa soy yo! El timing previsto era.

Miercoles 13.00h . T2 aeropuerto de El Prat. Si tenemos que pasar por el despacho a buscar a El Hombre Tranquilo cuenta que allí se nos van diez minutos entre que está hablando por teléfono o lo que sea que nos conocemos. O sea a media allí, o sea salir a las 12.20 de casa. ( sí, soy bastante cuadriculada en algunas cosas).

Yo llevaba dándole la murga con la maleta, conque se hiciera la maleta, desde el fin de semana. Para V. era una frikada organizarse con tanto tiempo. Eso sí, para arrastrarme de compras el domingo no tuvo inconveniente. Es más, batí todos los récords del mundo mundial y nos pasamos tres horas tres en un centro comercial un domingo por la mañana que ya os aviso, es aún peor que ir en sábado. Ella se compró una bufanda y un jersey porque una amiga le dijo que sí, que en Suecia hace frío, no porque yo se lo hubiera dicho veinte veces, noooo. Y calcetines gordos a mi insistencia. Yo que a partir de la media hora en un sitio de esos ya no sé quien soy  al final me compré un esmalte de uñas color café que me queda horroroso y un pack de cinco pares de calcetines que al ponérmelos veo que son pequeños y a S no le gustan. Daños colaterales.

La víspera del viaje le recuerdo que al menos vaya poniendo en un montón las cosas que se va a llevar. Uff, tiene entreno, no uno sino dos, y luego ducha con pelo que so 60 minutos ni uno menos. Empezamos como a las diez , en fin. V. empieza por lo imprescindible: el rimmel, las camisetas de tirantes(!) y un collar muy mono.. A mi pesar porque con quince años ya debería saber hacerse una maleta decido tomar cartas en el asunto, y le localizo las camisetas térmicas, un par de jerséis gordos, los guantes que los mira como si fueran los guantes para el horno.

El miércoles no madruga, ¡para qué! a las diez se pone en pie , desayuna y whatsappea, el orden es inverso obviamente. Tenemos que pesar las maletas, una de 15 kilos y la de cabina no puede superar los diez. No tenemos báscula. V. decide ir a buscar una a casa de una amiga, vuelve a las once treinta. Lo único que ha heredado de mí es el espíritu zen. Empaquetamos las cosas. No sabemos hacer funcionar la báscula. Es tipo digital y aunque su amiga le ha dicho que hay que sacudirla no me atrevo a cargármela.

Pues vamos a la farmacia. No pasa nada, son las 12.h.  Ah! pero ahora resulta que en Estocolmo van a grabar un video de cosas suecas y V. hace de Björn Borg y que dónde están los calcetines blancos, unas zapatillas de tenis, los pantalones cortos y la raqueta. Y un polo blanco. Calculo las consecuencias de hacerle entrar en razón, de decirle que no hay  tiempo de ir al trastero a por una raqueta, decido que es mejor rebuscar un polo y que vaya en pantalón corto por Estocolmo bajo cero, mantener una conversación de opinión discordante con un adolescente es altamente desgastante. Y el viaje está pagado.

Ahora son las 12.20 pero todavía tenemos que pasar por la farmacia a pesar las maletas. Joderrrr. Cojo las llaves del coche y cuando voy a salir con una de las maletas me la veo sentada tranquilamente pintándose las uñas de color Pink Macaron, con los auriculares puestos. En este momento me doy cuenta que mi espíritu zen es de pacotilla.

Hiperventilo por lo bajinis, como no busca efecto crakelado precisamente V. sale en camiseta de tirantes toda divina yo con las maletas abrigo y etcétera. Casi me mato al tropezar con… ¿la bolsa de los calcetines gordos? ¡Venga ya! no me falta nada para largarla con un par de calcetines para una semana, los puestos. Pienso en la pobre familia, en que va a compartir habitación con la niña sueca. Abro la maleta, meto los calcetines.

A la mosso d’esquadra que me mira con cara de poca broma por derrapar de medio lao en carga y descarga a la puerta de la farmacia- y sin cinturones, yejei!  le devuelvo idéntica mirada. Y en la farmacia  que está a saco, nos miran rarísimo porque entramos con sendas maletas en brazos  y en animada conversación acerca de si el esmalte de uñas se considera líquido o sólido, es decir, si se puede subir al avión o no, resulta que se le ha estropeado una uña.

Paso de mirar el reloj , valoro la posibilidad de que me caiga mi primera multa por exceso de velocidad por la autopista. Siempre hay una primera vez para todo, ¿no?.

Al final llegamos. Yo con la boca seca. V sin despeinarse un pelo. Nos despedimos, le digo que se lo pase bien, que si no llama no pasa nada, que ‘no news, good news’ y todo eso.

Obedientísima estamos a día 5 y si es por ella, no nos enteramos de nada. Bueno, sí, cuando llegó nos mandó una foto de su cuarto, nos dijo que la casa es muy grande y muy chula,  los padres muy majos.

Acabo de recibir un whatsapp de V. Le llamo a Fernando para saber si está al corriente. Que no. Vale. O sea que me toca a mí decírselo. Por dónde empiezo. Qué le digo primero, que se ha teñido el pelo de rosa, o que el hermano de su sueca tiene 17 años y es muy simpático.

Le digo que de vuelta a casa se pase por la farmacia, que tienen una raqueta nuestra.

 

pink hair

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Mami, no hables de mí en el blog.

Se puede decir más alto, puede. Mira que iba a poner un título llamativo: ‘Guía top ten de los accesorios más fashion. Número 1.- Tu bebé.’ Pero era muy heavy y muy engañoso, y yo con las mamás recientes bromeo pero en plan bien, con ellas, pero no de ellas. Que yo también he estado ahí, en las noches y diás sindormir, en las agoatdoras sesiones toboganescas, en eonversaciones parqueriles acerca de virus, cacas, y otros fluidos. En los inexplicables subidones de fiebre. Poca broma. No he querido que entraran mamis confiadas en curiosear si es el kaftán o la basket T-shirt la prenda it , o si la funda del Iphone tiene que ir a juego con las uñas ( que sí, que el smartphone es el accesorio que más te identifica y lo que fue antaño el bolso ahora es el iphone case). Eso, otro día.

Ya no tengo bebés, y no se si mi foto de perfil sería mi bebé, o yo con él. Y si inundaría las redes sociales con las monerías del bebé.  No lo sé. Creo que no. Pero no estoy nada segura. El bebé comienza como parte física literal de nosotras, lo parimos y entonces es una extensión de nuestro yo, y vivimos en un planeta diferente, el centro de nuestras vidas se transfiere y pasa a ser él. Crecer sigifica ir soltando por nuestra parte, entender que es otra persona diferente a nosotras, y esto es un proceso que se hace pasito a pasito. El chorreo de oxitocinas y el instinto maternal tampoco ayuda a la objetividad. Es lo que más queremos en el mundo, lo que más hemos querido, y ese sentimiento amoroso nos desborda, nos envuelve, nos acoge. Es la experiencia más grande que hemos vivido, y a veces hasta dudamos de tener otro hijo porque no sabemos si lo querríamos igual, igual de tanto. Pues sí. La respuesta es que cada hijo es diferente, cada amor es diferente, pero con el segundo bebé no repartes tu amor, no tienes que dividir la cantidad de amor, sucede que el amor se multiplica, y no me preguntéis cómo que soy de letras.

Así que es normal que las madres estemos que se nos cae la baba con nuestros retoños y los luzcamos con orgullo, cómo no. Y hablemos de las trastadas y de sus cosas. Entonces crecen y cuando tienen dos años seguimos hablando con total desparpajo de sus cacas y mocos, y si en el parque comparten el chupa-chups con un amiguito hacemos una foto para subirla en Instagram, son tan monos…

Y siguen creciendo y ahora la niña tiene 14 y bueno, sus cacas no me interesan ni a mí. Y si la veo en el parque compartiendo el chupa-chups con un amiguito, ¡la que se queda con cara de foto soy yo!.

Yo a mis hijas me las tomo muy en serio. Me río mucho con ellas, y es una de las cosas que más disfruto, el sentido del humor ‘familiar’. Esos chistes privados que cada familia tiene. Esas miradas cómplices. Esa telepatía. Quiero lo mejor para ellas. Quiero respeto. Quiero dignidad. Y para todas las hijas y los hijos del mundo. Quiero que tengan paz siendo quienes son.

Y aquí estoy, pisando suavemente, pues piso sobre sus sueños- ¿de quién es este poema?-

Soy su madre, no su dueña. Ellas son dos personas, con su mundo, sus sueños, su intimidad. Solo,’solo,’ estoy aquí para acompañarlas, para intentar que no tropiecen en esa piedra- lo harán en otra- para consolarlas entonces. Para empujarlas a vivir su propia vida. Pero durante este camino que vamos inventando sobre la marcha, yo también me divierto y crezco como persona. Ellas no lo saben, pero yo no era yo antes de ellas…

Como ya me he puesto moñas que no veassentimental, os cuento que cuando fui a un encuentro de madres blogueras en Madrid -como si hubiera ido a muchos- me tropecé en el aeropuerto con una madre bloguera y eran justito las 7 de la mañana y coincidió que nuestros bocatas eran idénticos, mucho vegetal, jamón y pan de cereales, y nos dimos cuenta porque desenvolvimos el bocata sincronizadamente. Y yo, que soy muy peligrosatímida, al ver que nos sonreíamos como dos pavas le dije que le admiraba mucho que si iba al enceuntro de madres blogueras. Y era madre y era bloguera, y era la madre Teresa Forcades. Cosas que me pasan. Ah! esta historieta venía a cuento no de mi peligrosidadtimidez, si no de que si esta anéctoda vulnera la intimidad de Teresa Forcades. ¿Que no somos vegetarianas del todo? chica, nadie es perfecto. Y no sabes el día que teníamos por delante, yo al menos. Me sonrío por dentro ahora.

No, no hablaré de mis hijas como si fueran dos bebés, porque ya no lo son, y siempre que lo haga será pensando en que si lo leen algún día sientan que su madre puede que no tenga todas las respuestas, pero ¡las quiere con todo su corazón!

brillar

¿Que las madres estamos un poco locas? Sí, ¡y qué!pero locura de la buena, de la que te hace hacer cosas que no hubieras imaginado jamás. Y la lista, larga, la sabes muy bien, tú, mamá.

Madres que compran tangas a sus hijas

Madres que son lo peor. Si se os ocurre alguna categoría peor de madre no me lo digáis. A mi no se me ocurre ninguna. Bueno, madres que encierran en el coche a sus bebés en un parking de verano mientras hacen las compras y van al cine o con el novio.

¿Qué excusa tengo? A ver, que era julio cuatro de la tarde y mis neuronas más apacibles de lo normal. Que iba más pendiente de la conversación con Silvia que de a lo que estábamos. Que, de hecho, estaba en modo copiloto, sin prestar la más mínima atención de si íbamos o veníamos. Que las grandes superficies, centros comerciales varios no son lo mío. La primera vez que estuve en uno de ellos, un Pryca allá por el cuaternario, cogí un carro, lo arrastré de aquí para allá sin ton ni son tres cuartos de hora, compré un cd de Radio Futura, sí, ya existían los cds , me lo dejé olvidado en el carro, allá, en la fila de carros del parking del Pryca.

Que vamos con cuatro niñas tres de las cuales son adolescentes que mañana viajan solas , por primera vez, a un campus, en avión, a Holanda, y están efervescentemente adolescénticas perdidas  y en cuatro conversaciónes simultáneas.  Sí, todo eso. Ah!, y que los lineales kilométricos del Carrefour están tan ordenados como el armario de cualquiera de ellas.

Lo estáis viendo, ¿ verdad? llegar a casa , acaloradas y medio muertas, y yo empezar a desempaquetar  barritas de cereales, botes de Nutella, – la comida está incluida en el campamento, pero claro- chanclas para la ducha, braguitas…- Mami, ¿ me has comprado tangas? lo dice así, en cursiva. Abro los ojos muchísimo, y sí, una docena de tangas !? – braguitas brasileñas Mmmm no están mal, por cierto…-V abre los ojos muchísimo más. Y son las nueve y el avión sale mañana tempranísimo.

– No pasa nada, es V que reacciona primero, como siempre con más sentido común que yo, yo estoy en modo apnea. -Algunas  mayores también llevan en los partidos para que no se les marque con la faldita.

Es que me la veo en el campus – Sí, sí.., voy de compras con mi madre y me compra tangas.. Yo, que todavía le compro lencería de bebé en talla abuelera en blanco, o rosa pastel con lacito. Y las otras niñas diciendo Ohhh!! admiradísimas de semejante madre moderna.

Y diciéndoselo a sus madres y sus madres pensando AAArrggg!! cada vez que me vean por el club.

Imagen

Esto no lo arreglo ni con las perlitas de la primera comunión.

¿Adolescentes y operación bikini?

Vienen las amigas de V. a buscarla. Hoy no tienen clase por la tarde y han decidido ir de bocata a la playa. No, que como hace malo van a casa de Bea. Son tres catorceañeras normales, sonrientes, altas, madre qué pasa con estas niñas no van a parar de crecer. Pelo larguísimo todas. Dos rubias, una castaña, otra morena. Son las amigas del cole, un cole concertado, de familias típicas de cole concertado. Mientras V. mete la toalla en la mochila, escucho al pasar: ‘Sí, podéis venir a casa, pero no comáis’. Lo dice la más alta, la más rubia, la más delgada, la más guapa.

Se me dispara una alarma maternal; me las imagino obsesionadas por la imagen, queriendo adelgazar, anoréxicas perdidas, pero cómo no me he dado cuenta, si son super deportistas, además, ¡pero si parecen unas niñas tan normales!

Como no sé cómo reaccionar, estoy totalmente descolocada, suelto:

– V. , qué quieres, bocata de atún o de pechuga de pollo.  A ver que me dice.

– ¿Puede ser pizza? -Ehhh, bueno, te preparo una cuatro quesos. Se mira un segundo con las otras. – ¿Pueden ser dos? es que somos cuatro…

Creo que conozco a mi hija y la cosa no va de que disimulan y a la salida las tiran en la papelera. Le pregunto a Bea – Pero, tu madre, ¿sabe que vais a tu casa? – Sí..-

Ya de vuelta, cuando estoy preparando la cena le pregunto a V que qué tal las pizzas. – muy buenas, dice , hace una pausa -es que la madre de Bea le deja que vayamos pero sin comer.

– ¿Qué? mi cara es de no entiendo de qué va la cosa.

– con esto de la crisis no comemos nada en las casas, imagínate si vamos cuatro y merendamos pues son dos paquetes de galletas. Ya nadie come cuando va a las casas aunque tengas hambre.

Yo me vuelvo a descolocar muy en silencio. Nunca he cortado unos tomates más tristes.

Hablemos ahora de la operación bikini, si queréis.

girls on beach