Adiós, Bilú, mi patilarga.

Mejores amigas
                       Mejores amigas

Bilú se ha largado a la francesa, así como es ella, sin pedir permiso y sin molestar a nadie, sin aspavientos ni moñadas. Igual que vino a casa. Igual que nos eligió hace ya .. uff! cinco años, cinco meses y cinco días exactamente.

Violeta cree que la eligió ella, de entre todos los perros adorables de la fiesta de protectoras, se tuvo que flechear con el perro más raro que había visto yo, todo patas y orejas y flacucho, radiografías con perdigones y alguna que otra cosilla más, pero con esos ojos color miel y esa cara de no haber roto un plato en su vida.

Los cinco años más felices de mi vida, claro que es casualidad. Claro que no tiene nada que ver que haya sido mi compañera de miles de siestas de invierno compartiendo el mismo rayo de sol, yo en el sofá y ella en su camita. Miles de paseos. Miles de todo.

No me pidas serenidad, hoy no, pídeme que me arranque un brazo, que me arranque los ojos. Total, algo por dentro se me ha roto, respiro a duras penas.     ¿Será el pulmón?

No sabía que este silencio asqueroso iba a hacerme desear con todo mi fuerza que me estallen los oídos.

A partir de mañana la recordaremos elegantísima con ese perfil de dios egipcio. Nos reiremos contando las veces que nos hemos ido a pasear con ella sin ella, correa en mano, pensando en nuestras cosas y ella quedándose en casa. O en la calle, volver a casa y cerrarle la puerta en las narices y no enterarnos hasta que algún vecino nos avisa.

Me acuerdo de la fiesta de Sabina de Rock Girls, un cumple de sieteañeras a todo meter. Fer se llevó a Bilú que no entendía nada de aquel desparrame de niñas desatadas y achuchonas, Bilú que no ha sido nada cariñosa de dar besos. Llovía y en el parque la perra dio media vuelta y vino a casa, no sabemos cuánto rato estuvo en la calle, bajo la lluvia, hasta que una vecina me avisó de que había perdido a mi perro, que estaba en la puerta. Y yo le dije que si la perra estaba en la puerta, al que había perdido era a mi marido, que habían salido los dos juntos de casa.

Bilú y sus andares de top model patilarga, ultimamente de top model a la salida de una fiesta loquísima, su pata chula más rebelde que nunca.

Bilú dejándose pintar las uñas passion red. Dando catorce vueltas hasta encontrar su postura en la cama.

Poniéndose a dos centímetros de las visitas “a ver si este novato me da algo rico de comer”.

Haciéndose la loca por las mañanas de invierno, mediotapándose la cara con la pata, en plan “noooo, quita, quita, yo no salgo ahora, con lo bien que se está en casita”.

Quedándose  más inmóvil que el perro de Joey de Friends en el veterinario como sistema de defensa.

Asustándose muchísimo en el barco a Menorca y las niñas escondiéndola en el camarote, una maniobra que ya teníamos estudiadísima. Una mareando a la azafata con  el horario de las pelis y la otra la pasando por detrás. Para estar luego en el camarote como en la peli de los hermanos Marx, con la perra ocupando todo el espacio libre y nosotros trepando por las literas.

Yo cogiéndola en brazos para subirla y bajarla por las escaleras mecánicas, que me he puesto cachas en el gimnasio para pasear sus 27 klilos en brazos cuando ha hecho falta.

En la Piñana confundiendo una piscina con un charco grande, ¡es que era de campo! y Violeta tirándose al rescate.

Haciendo guardia en las cenas pegada a Sabina, quién le iba a guardar si no las pieles de la merluza y quién le iba a pasar a malescondidas las acelgas y el jamón.

No conseguí que llevara el abrigo negro que le compré, pensando que con lo delgadísima que estaba tendrá frío. le daba pánico y se quedaba clavada.

No conseguimos que jugara, que corriera detrás de una pelota como los otros perros. Ni que me diera besos con lengua. Qué más da.

A partir de mañana hablaremos de ella, de cómo corría en el monte, que solo veíamos la cola blanca como una pluma. Luego la perdíamos de vista un rato, y luego siempre volvía. Y sonreiremos con eso. Y eso me bastará aunque ahora no  entienda nada.

Yo sé que era feliz.
Anuncios

A los quince días de la niña en casa, el primer susto gordo.

Descubriendo el hielo
Descubriendo el hielo y tantas cosas

Tengo que pensar menos. Espero a algo que valga realmente la pena y dejo escapar mil millones de cosas. El día que llegó, su casa de susto disimulado, las bragas blanquísimas de niña de primera comunión, la ropa estrafalariamente grande. El primer baño en la piscina con esos temblores de emoción, los nervios de las escaleras automáticas.
Ser madre de acogida es mejor y es peor, desde aquí os lo digo. -“Bah! solo son dos meses y luego puerta”.
Ya, Ya.. La primera semana se nos ha ido en hacernos a ella y ella a nosotros. Un no parar de finales de curso de teatro y un concierto mío en el monasterio de Les Avellanes, que con tanto ensayo y todo la niña ya sabe cantar en japonés. – Joe Hisaishi, muy recomendable, by the way-. La primera semana no llegó a la cena ni un solo día, se quedaba frita antes, de repente se le cierran lo ojos, apoya la cabeza en el hombro o en el regazo de S, y ya.
En yo estar extrañamente despistada y feliz; me desapareció un pendiente, de los que llevo siempre. Y me ha importado menos que nada ir con un pendiente solo. Igual con los sujetadores, misteriosamente han desaparecido todos y he ido tirando del que no lleva tirantes, que no es lo más cómodo del mundo que digamos, y el de correr, que no es el más favorecedor del mundo que digamos . Y tan happy, yo. Raro, ¿no?
La segunda semana han aparecido en acción los médicos. Y yo me las prometía felicísima; la vista bien, claro, los dientes perfectos, buah!, ¡la mía es una súper niña!. Un poco demasiado delgadita, tranquilos todos, tenemos dos meses para meterle un par de kilillos en su cuerpín.
El martes tocaron dos pinchazos, unos para el análisis de sangre y el otro una prueba de no sé qué. Vale.
El viernes volvimos para, bueno, comprobar que la prueba había salido ok.

La cita era a las 9.30h, perfecto, a las 10 ya estaríamos listas, tocaba playa con los demás niños del casal. Ella llevaba el bikini preferido que es como tornasolado en miniescamas sireniles de colores, con lo discreta que es ella, el brilli-brilli le pierde en ocasiones…
Pues la prueba ha salido positiva que en lenguaje médico quiere decir mal, aviso para novatos en idioma médico que tela. Hay que bajar a radiología, le ponen una máscara tangigantesca que se la tiene que ir sujetando con una mano, es el protocolo, que para mí el protocolo es algo más bien de comer el pescado con la pala de pescado y aquí no, aquí es “porque yo lo digo”, siendo este “yo” cualquier alguien con uniforme. La radio parece que tampoco le gusta a la pediatra. Hablan con el hospital de referencia. Nos dejan solas en la consulta. Ella tiene hambre y se come el bocata a escondidas detrás de la máscara. Yo intento hacer una foto de la pantalla del ordenador con su radiografía sin que nos pille una enfermera que no hacen más que entrar y salir. Casi nos pilla una que echa pestes de “las sosas de radiología” y le trae una máscara de su tamaño con dibujitos de mickey. Nos deja tranquilas, ella hace la foto, una dulce niñita es siempre menos sospechosa que yo, aquí y en la seguridad social, eso de toda la vida de dios. Y le tomo el pelo diciéndole que es más guapa por dentro que por fuera. Cosa que es imposible porque la niña es guapísima y cuando sonríe tienes que parpadear del deslumbre. Así es ella.
A las 11.30 me dan la buena noticia, ejem, en Sant Joan de Deu la doctora Nosequién nos atenderá inmediatamente. Es la mejor especialista en medicina tropical.

¿Qué? ¡Alto! ¡un momento! la niña lleva el bikini para ir a la playa y yo, en fin, tengo cosas que hacer, y S se ha quedado sola en casa porque iba a ser un momento. Pues me veo conduciendo en modo automático por la autopista, con un cd de su placa- y placa es radiografía- jo!, cuánto estoy aprendiendo hoy.
Llevo viviendo en Catalunya casi quince años y habré pasado mil veces por delante del hospital. Pues hoy va a ser el día en que lo pise por primera vez. Me parece ser otra persona la que aparca, y sube a la segunda planta y habla con las enfermeras, es programada y al cabo de una hora en la que nos helamos de frío y chateamos con S en Line en la supermoderna sala de espera es llamada a consulta.
Entramos y entran al segundo cuatro enfermeras o doctoras en prácticas guapísimas superbien maquilladas, ¿serán residentes o algo? me fijo en sus acentos y vienen de países del otro lado. Estudian medicina tropical para viajar por el mundo y vivir aventuras. La doctora me habla seria, muy seria, llama a otra, otra más- revisan a la niña. Me hacen muchas preguntas. “Esta niña no tendrá vacunas…” -” sí, sí, ” y le enseño el whatsapp que me mandó su padre con las vacunas (yo se lo pedí para evitar ración extra de pinchazos…)

Flipo un poco con estar el el mejor hospital y que los informes médicos no se sincronicen, o con que la eminente deoctora no llame a la pediatra del pueblo para preguntarle lo de las vacunas, que ella sí lo sabe.
No consiguen abrir el cd de la placa, en su maravilloso ordenador de su mega maravilloso despacho. Bueno, ante la posibilidad de que le tengan que hacer otra radiografía y sufrir otra humillación de la máscara y alargar todo, vuelvo a sacar el iphone para enseñarle la foto de la pantalla que habíamos hecho. No parecen sorprenderse y no me preguntan que a santo de qué hago fotos de los ordenadores de los doctores.
Bueno, yo tampoco hago preguntas, por ahora…
Resuelve la doctora que hay que hacerle- ya- otro análisis de sangre, y una bruja que pasa por ahí que hay que ponerle un gorro verde. Vengaya! Yo le he prometido un día de playa y sobre todo, que lo del médico era un momento y que nada de pinchazos. En este momento decepcionante la doctora me está explicando el protocolo, ahora sé que equivale a putada en diferentes grados. La niña puede que tenga quedarse ingresada. Yo lo oigo como si no fuera conmigo la cosa. Debo tener cara de “modo Off” o algo porque me lo vuelven a explicar.
No, no puede ser. En modo zombi bajamos, le sacan sangre con una jeringa más gorda que su minibrazo, se le escapan dos – o tres- lágrimas.

Volvemos a subir a medicina tropical.
La doctora me da un par de recetas y algo me dice de ” en quince días”.

Salimos después de cinco horas de médicos y doy las gracias de que exista el whatsapp que le ha salvado de más pinchazos y placas. No veo lo de meter el ticket del párking y a punto estoy de cargarme la barrera, menos mal que viene un señor muy amable que .

De vuelta, en el coche, ella se queda dormida, yo me pierdo en Sant Joan d’Espí.

Ella, no os lo he dicho, se despierta muy temprano cada día, y lo primero que hacer es buscarme para darme un beso y un abrazo con una sonrisa que se sale de la cara.

¡Socorro!, okupas en casa…

No tenía mi carcelerita bastante con romperse el pie, no. Que en una semana hemos hecho todo el planning de actividades para la temporada otoño-invierno 2013-14.

En casa tenemos un ‘Tarro de ideas no aburridas’, que me lo inspiré de Mamá Om -por si alguien no la conoce vale la pena,- os la recomiendo muchísismo. El tarro es genial para las tardes lluviosas de esas que no sabes qué hacer. Entre todos escribimos papelitos con ideas para hacer en familia sin excusas. Las ideas son anónimas y obligatorias de cumplir. Variopintas como bien suponéis.:

– Improvisar un pic-nic en el jardín. Esa es mía, la ilusión de ir de invitada a un sarao aunque sea en mi propia casa y a base de fanta y ganchitos.

-Escribir una postal a la abuela y mandársela. También mía, en vacaciones me acuerdo más de mi madre y de las larguíísimas vacaciones de mi infancia.

– dar una vuelta a la piscina corriendo, enseñando el culo. Esta de quién es.

– ordenar la habitación de las niñas. Esta es de su padre, lo tiene claro.

– Washitapear algo y regalárselo a una amiga. Venga, les salió el puntito creativo y generoso…ya están perdonadas de ordenar el cuarto.

A lo que voy. Sólo a mí se me ocurre limitar la tele a una hora al día, el día que empiezan las vacas. Sólo a La Niña se le ocurre romperse el pie el mismo día.

Si abre los ojos a las 08:00 y los cierra alas 23.00 con suerte, echar cuentas de todo lo que hemos hecho. Mani-pedi, trenzas, masaje con lso pies, maquillaje con purpurina en sección belleza. Crepes, pizza, ensaladas, pastel de zanahoria en cocina. Leer Reporter Doc, I love English junior, Danny, campeón del mundo, Las Brujas, todo Stilton y más.

Poner y quitar lavadoras, tender, limpiar cristales, sección limpieza.  Pulseritas, collaritos, llaveros, todo  de bolas increiblemente pequeñas. Un diorama con Playmobil que ocupa la terraza entera. Acabamos antes si digo lo que NO hemos hecho: algún exposivo con TNT, y un tatoo, poco más.

Hemos tenido visita esta semana; mi hermana mayor, su marido, sus dos hijos pequeños. Como expat que somos, me veo con mi family de uvas a peras, o sea de Navidad a BBC (bodas, bautizos, comuniones), y siempre me hace ilu tener gente en casa. Es lo que tiene venir de familia numerosa, creo.

Además hemos tenido la mejor amiga de la carcelerita. Y he colgado el cartel de completo, ni cama ni sofá libre. Mi casa no es grande pero somos muy de compartirlo todo. S. se lo ha pasado genial con sus primos y amiga. Cuando se iban me decía, rascándose pensativa la cabeza:’es el día más feliz de mi vida’ ¿Rascándose pensativa la cabeza? conteniendo la respiración y la vida me acerco para darle un besocomprobar horrorizada que un okupa de ocho patas se pasea descarado por la famosa melenaza.

Llamo a mi hermanita y a Sonia, que me manden la factura del neositrín. Qué menos.

niña maquillandose

¿Hay algo más que me pueda pasar? Sí, claro, aguantarme el discurse de S. en defensa del derecho a la vida de todos los animales.

Salir del armario…de la cocina.

Después de la salida en tromba del armario de los niños, que no es oro todo lo que reluce la maternity, que si las ojeras, las noches sin dormir, el cansancio infinito, que si ahora resulta que como somos más independientes que Macedonia estamos más solas que la una con un ente llorón que nos boicotea sistemáticamente los planes hasta los de tomar un café con una amiga. ¿ Y esto sólo es el principio? No digamos mantener a un nivel digamos aceptable la casa, el trabajo, el qué?Ahhhh!. No comment. Nos hacemos expertas en logística a base de prueba y error, muchos errores sobre todo. De repente las madres también nos hartamos de los niños y algunas lo decimos, las entregadas y las entregadísimas, que hay momentos de subidón y otros de bajadón. Y que no soñamos con volver del despacho con aire acondicionado a las ocho de la tarde, que nos reciban con un besito, un abrazo, el bebé esté recién bañadito y perfumado, la cena a punto, oh,  que falta una horita para cenar, pues aprovecho y voy a correr.. pa qué.

And so on… Malasmadres todas. Quién no se ha olvidado un día de la cita con el pediatra, o de meter el bañador el día de piscina, o el bocata en la mochila y lo ves allí, solito encima de la mesa de la cocina a la hora del patio y estás por salir corriendo como loca y tirarlo verja a través…

Lo que mola ahora es la salida del armario de la cocina. No se quién ha sido la primera, pero veo que se está extendiendo peligrosamente la moda de confesar sin tapujos que no tenemos ni idea de freir un huevo aunque sigamos los blogs más molones de cocina, que las fotos son chulísimas!

La mía es una historia cortita. Básicamente no me dió la gana aprender a cocinar de mi madre que es una excelente cocinera. Ay! como expatriada además tengo idealizados hasta los platos más sencillos, que los disfruto de uvas a peras esas borrajas, esas migas… me hacen saltar la lagrimillasólo de pensarlo…El argumento era que si mis hermanos pasaban de cocinar, yo también . Muy bien muy bien.Y ahora qué.

Cuando me las tuve que apañar por mi cuenta sobreviví a base de bocatas, ensaladas, soy la reina de las ensaladas, y algunos precocinados tuneados en los peores días, cuado ni la aprensión ni la cordura pueden con los rugidos de la barriga.

Cuando nació mi hija una suerte que no me merezco se me apareció en forma de niñera- entonces la conciliación era dejar el bebé de cuatro meses en horario bastante incompatible e infernal en brazos de quien fuera -que sabía cocinar ma-ra-vi-llo-sa-men-te. Dos años estuve a base de las sobras de la niña. Comida casera, sana, equilibrada…sí, añoro esos tiempos…

Después nos expatriamos y me vine con mi libro de cabecera pormuchos años: 1.080 recetas de cocina de Simone Ortega. Que aún lo tengo, amigas, en edición de bolsillo y con algunas hojas que faltan y otras fuera de sitio. Esto para hacer el arroz blanco, que fue la base de la alimentación familiar durante meses, con tomate frito Solís (ahora el recuerdo dulzón con sabor a lata no me produce ternura, me da bastante miedito ; a saber los acidulantes, emolientes y restos de aditivos varios que han campao a sus anchas por mi body). Con el tiempo y los sabios consejos de mi madre:- Bahh! tranquila, si yo hasta los 14 años de casada no aprendí a cocinar… y que el Hombre Tranquilo se ha criado en Valencia y eso se tiene que demostrar cada domingo con una paella, digo yo, vamos tirando.

Y en este punto estamos, no por gusto ni talento, sino porque la mayor llega un día del cole con que si los alimentos, los nutrientes , las vitaminas, proteínas y cía ,y sólo hay una manera de salir, y es huida hacia adelante. Porque sí o sí te recuerda que hay que comer pescado tres veces a la semana, verdura idem, fruta cada día, y tooodo el repertorio que nos sabemos de memoria pero que a veces nos olvidamos de practicar.

Punto sufrimiento medio, el maternal normal,vaya, ese del tipo constante imperceptible por los demás pero que nos tiene en un eterno: ¿ lo estaré haciendo bien? cuya respuesta es – No, (o sea, lo estás haciendo lo mejor que puedes etc.)

¿Que qué voy a hacer? mirad, con la mayor cometí el error, entre otros, de arrastrarla de cuentacuentos en espectáculo teatral, talleres de creatividad, laboratorios de arte, escuelas de música, prácticamente todas las salidas que hacíamos eran del tipo culturetas. Para qué, si de eso no se come. ¡Literalmente! la cultura no da de comer, no nos engañemos.

Ahora, que con la pequeña ya he aprendido. Desde la guardería que empezó haciendo mermeladas, ha pasado por  cuanto taller de cupcake, muffin, o pop-cake se ha presente, ahí ha ido mi niña.

Por el momento he conseguido desayunar crêpes los domingos.
Ja!

natalie

La abuela que saltó por la ventana…

El hospital se llama La Casa Grande. Bueno, se llama como se llame, pero si te subes a un taxi te aconsejo que digas la Casa Grande. Aviso.

Llamo a ver qué tal sigue Mimadre. ‘No se puede poner ahora’ ,’está hablando con la monjita’ Hmm..

A:  Muy bien que ya está todo planeado. Que desde la ventana se ve la piscina del colegio y que nos pondremos todos ahí para que la mamá nos pueda ver…
Yo:  en la piscina del colegio ( maremoto de recuerdos desde regulares a pesadillescos)
A: jajaja no dentro,  en el jardín. Que L está superreivindicativa y ha colgado una sábana gigantesca en defensa de la sanidad pública y así sabremos qué ventana es.
Yo: puedo quedarme con la mamá mientras la ceremonia. ( Y eso que me tienta el show que podemos montar – que nos conocemos…-desde el jardín de los jesuítas con lo formales que son saludando a mi madre a grito pelao,  que somos seis hijos, diez nietos, apegaos de diferentes categorías, unos cuantos )
A: Tranquiilaa, se queda L.

¿Cuál es mi duda? ¿Está A. también en el ajo? ¿ O van a escaparse solo Mimadre y L?
Por si acaso llamo al restaurante , que pongan dos cubiertos más. No somos una familia de chivatos.