Salir del armario…de la cocina.

Después de la salida en tromba del armario de los niños, que no es oro todo lo que reluce la maternity, que si las ojeras, las noches sin dormir, el cansancio infinito, que si ahora resulta que como somos más independientes que Macedonia estamos más solas que la una con un ente llorón que nos boicotea sistemáticamente los planes hasta los de tomar un café con una amiga. ¿ Y esto sólo es el principio? No digamos mantener a un nivel digamos aceptable la casa, el trabajo, el qué?Ahhhh!. No comment. Nos hacemos expertas en logística a base de prueba y error, muchos errores sobre todo. De repente las madres también nos hartamos de los niños y algunas lo decimos, las entregadas y las entregadísimas, que hay momentos de subidón y otros de bajadón. Y que no soñamos con volver del despacho con aire acondicionado a las ocho de la tarde, que nos reciban con un besito, un abrazo, el bebé esté recién bañadito y perfumado, la cena a punto, oh,  que falta una horita para cenar, pues aprovecho y voy a correr.. pa qué.

And so on… Malasmadres todas. Quién no se ha olvidado un día de la cita con el pediatra, o de meter el bañador el día de piscina, o el bocata en la mochila y lo ves allí, solito encima de la mesa de la cocina a la hora del patio y estás por salir corriendo como loca y tirarlo verja a través…

Lo que mola ahora es la salida del armario de la cocina. No se quién ha sido la primera, pero veo que se está extendiendo peligrosamente la moda de confesar sin tapujos que no tenemos ni idea de freir un huevo aunque sigamos los blogs más molones de cocina, que las fotos son chulísimas!

La mía es una historia cortita. Básicamente no me dió la gana aprender a cocinar de mi madre que es una excelente cocinera. Ay! como expatriada además tengo idealizados hasta los platos más sencillos, que los disfruto de uvas a peras esas borrajas, esas migas… me hacen saltar la lagrimillasólo de pensarlo…El argumento era que si mis hermanos pasaban de cocinar, yo también . Muy bien muy bien.Y ahora qué.

Cuando me las tuve que apañar por mi cuenta sobreviví a base de bocatas, ensaladas, soy la reina de las ensaladas, y algunos precocinados tuneados en los peores días, cuado ni la aprensión ni la cordura pueden con los rugidos de la barriga.

Cuando nació mi hija una suerte que no me merezco se me apareció en forma de niñera- entonces la conciliación era dejar el bebé de cuatro meses en horario bastante incompatible e infernal en brazos de quien fuera -que sabía cocinar ma-ra-vi-llo-sa-men-te. Dos años estuve a base de las sobras de la niña. Comida casera, sana, equilibrada…sí, añoro esos tiempos…

Después nos expatriamos y me vine con mi libro de cabecera pormuchos años: 1.080 recetas de cocina de Simone Ortega. Que aún lo tengo, amigas, en edición de bolsillo y con algunas hojas que faltan y otras fuera de sitio. Esto para hacer el arroz blanco, que fue la base de la alimentación familiar durante meses, con tomate frito Solís (ahora el recuerdo dulzón con sabor a lata no me produce ternura, me da bastante miedito ; a saber los acidulantes, emolientes y restos de aditivos varios que han campao a sus anchas por mi body). Con el tiempo y los sabios consejos de mi madre:- Bahh! tranquila, si yo hasta los 14 años de casada no aprendí a cocinar… y que el Hombre Tranquilo se ha criado en Valencia y eso se tiene que demostrar cada domingo con una paella, digo yo, vamos tirando.

Y en este punto estamos, no por gusto ni talento, sino porque la mayor llega un día del cole con que si los alimentos, los nutrientes , las vitaminas, proteínas y cía ,y sólo hay una manera de salir, y es huida hacia adelante. Porque sí o sí te recuerda que hay que comer pescado tres veces a la semana, verdura idem, fruta cada día, y tooodo el repertorio que nos sabemos de memoria pero que a veces nos olvidamos de practicar.

Punto sufrimiento medio, el maternal normal,vaya, ese del tipo constante imperceptible por los demás pero que nos tiene en un eterno: ¿ lo estaré haciendo bien? cuya respuesta es – No, (o sea, lo estás haciendo lo mejor que puedes etc.)

¿Que qué voy a hacer? mirad, con la mayor cometí el error, entre otros, de arrastrarla de cuentacuentos en espectáculo teatral, talleres de creatividad, laboratorios de arte, escuelas de música, prácticamente todas las salidas que hacíamos eran del tipo culturetas. Para qué, si de eso no se come. ¡Literalmente! la cultura no da de comer, no nos engañemos.

Ahora, que con la pequeña ya he aprendido. Desde la guardería que empezó haciendo mermeladas, ha pasado por  cuanto taller de cupcake, muffin, o pop-cake se ha presente, ahí ha ido mi niña.

Por el momento he conseguido desayunar crêpes los domingos.
Ja!

natalie

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